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Miguel R. Valladares García

sábado 15 diciembre 2018

Wallyscar, el jeep tunecino “hecho a mano”

EFE
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El Wallyscar Iris, con mucho parecido al Renegade de Jeep.

Túnez.- En un discreto polígono de Ben Arous, un suburbio popular de la capital tunecina, los robots y las cadenas de producción han sido sustituidos por una treintena de empleados que ensamblan vehículos de la compañía familiar “Wallyscar”, que presume de fabricarlos a mano.

Una aventura que arrancó en 2006, durante un viaje a las islas Wallis y Futuna, territorio de ultramar de Francia en el Océano Pacífico, donde los hermanos Zied y Omar Guiga conocieron a René Boesh, uno de los creadores del conocido “Jeep Dallas” de la década de los pasados ochenta.

Boesh convenció a los dos jóvenes emprendedores tunecinos de que no necesitaban una inversión millonaria para entrar en la industria automovilística y estos regresaron a su país con una sola obsesión en la cabeza: el “Wallys”.

«Cuando íbamos a los proveedores a pedirles piezas pensaban que estábamos fabricando un coche en el garaje de casa para entretenernos. Teníamos 21 y 24 años, nadie nos tomaba en serio”, recuerda a Efe con humor Omar.

En realidad ya trabajaban en el que sería su primer prototipo, el “Iziz”, un pequeño descapotable estilo Jeep con motor Peugeot de 55 caballos y 140 kilómetros hora de velocidad máxima

Iziz, popular como un todoterreno de playa.

Un coche, como dicen, “de playa” que salió a la venta en 2009 y facturó unas 2.000 unidades a un precio medio de 10.000 euros en una docena de naciones del mundo.

Excepto en su propio país, por entonces aún bajo la dictadura de Zin el Abedin Ben Ali (1987-2011) y el yugo económico que suponía su familia.

“En 2009 teníamos coches circulando por todo el mundo excepto en Túnez porque durante el régimen de Ben Ali el gobierno nos decía que el mercado pertenecía a su familia y podíamos producir pero no vender. Nadie sabía que Túnez fabricaba coches”, se lamenta.

Ahora los Wallys comienzan a verse poco a poco en las calles de la capital tunecina, pese a que la compañía sigue evitando el márketing más convencional, aquel que recurre a la televisión o los grandes carteles.

Solo se promociona a través de vídeos subidos a las redes sociales en los que Omar lanza ladrillos, salta sobre el capó o golpea con una barra el vehículo sin hacer aparentemente un rasguño en su carrocería.

Según la empresa, el 57% de eso componentes se producen en Túnez, desde el chasis a la carrocería, pasando por los asientos, el cableado o el depósito, lo que dicen le convierte en el primer y único coche de la historia “100 por cien tunecino”

“A excepción del motor, todo se concibe y fabrica en Túnez, incluso los técnicos e inversores son tunecinos”, aclara con orgullo su creador.

Una política que además de alentar la economía local, también ha contribuido a desarrollar una nueva experiencia laboral.

“La mayoría de los mecánicos sabían reparar pero no fabricar. Ahora son verdaderos artesanos como los puede haber en Inglaterra, Alemania o Francia”, afirma.

“Hubiera sido mucho más fácil ir al banco y pedir un préstamo para comprar maquinaría pero decidimos apostar por la mano de obra y formarles en un trabajo, que es mucho más complicado que apretar un simple botón”, explica el menor de los dos hermanos.

El envite, de momento, parece ganador: además de decenas de pedidos, ha recibido varios reconocimientos nacionales y mundiales, como el premio de innovación a una empresa árabe concedido este año por el Fondo Monetario Internacional.

De su nuevo modelo, “Iris”, que monta un motor PSA (Peugeot, Citroën, DS y Opel/Vauxhall) de 60 caballos, produce a día de hoy unas 200 unidades anuales y la lista de espera llega ya a los doce meses.

Acabado en fibra de vidrio y chasis galvanizado con 30 años de garantía, tiene un precio de salida de 12.500 euros, lo que le convierte en un capricho, en un pequeño lujo en un país empobrecido, sumido en una grave crisis económica desde que en 2011 cayera la dictadura.

“Nuestra clientela valora el trabajo hecho a mano; de un coche simple que carece apenas de electrónica, lo que lo convierte en un placer para los amantes de la mecánica y con la posibilidad de personalizarlo”, explica Omar.

“No compran un coche o un objeto con ruedas sino una experiencia Wallys. Es un coche que conservarán durante toda su vida y que heredarán sus hijos”, agrega el emprendedor antes de desvelar cuales son sus planes de futuro.

Para 2020, la “startup” de los hermanos Guiga prevé tener ya desarrollado un prototipo de pick-up y el que será el primer motor eléctrico fabricado en el país magrebí. EFE

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