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Miguel R. Valladares García

miércoles 14 noviembre 2018

Papa encabeza canonización de dos grandes

Monseñor Romero y Paulo VI fueron elevados a los altares, junto a una religiosa de origen español

AP
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CIUDAD DEL VATICANO.- El papa Francisco encabezó el domingo la canonización de dos grandes personajes de la Iglesia católica en el siglo XX: el papa Pablo VI, quien supervisó la modernización de las reformas de la Iglesia en la década de 1960, y el arzobispo Oscar Arnulfo Romero, emblemático defensor de los derechos humanos que fue asesinado al defender a los pobres de su El Salvador natal.

En señal de la gran influencia que ambos hombres tuvieron en el primer papa latinoamericano de la historia, Francisco celebró la misa de canonización usando el cíngulo manchado de sangre que Romero llevaba cuando fue asesinado a tiros en 1980 así como el báculo, cáliz y estola de Pablo VI.

Mientras el papa celebraba la misa, retratos de los dos hombres ondeaban colgados en las galerías de la Basílica de San Pedro, junto con los de otras cinco personas que también iban a ser canonizadas en el oficio, con la intención de mostrar a los jóvenes que gente de todo tipo puede alcanzar la santidad.

Unos cinco mil salvadoreños realizaron una peregrinación a Roma para la ceremonia, y miles de personas más se desvelaron toda la noche para verlo en televisores afuera de la catedral de San Salvador, donde yacen los restos de Romero. Presidentes, una princesa y representantes de iglesias cristianas también estuvieron entre los invitados y testigos de la misa.

El papa también elevó a los altares a la monja Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús, que nació en Madrid, pero realizó su mayor labor religiosa en Bolivia.

Los seguidores bolivianos de la madre Nazaria Ignacia celebraron su canonización con velas, incienso, oraciones y una misa la madrugada del domingo en una iglesia en el departamento de Oruro, la misma donde pudieron ver la misa de canonización transmitida desde el Vaticano.

En su homilía, Francisco calificó a Pablo VI como “profeta de una Iglesia que se abrió al mundo” a fin de cuidar de los pobres. Añadió que Romero dio su vida y su seguridad física “para estar cerca de los pobres y su pueblo”.

Advirtió además que los que no sigan esos ejemplos de dejar atrás las riquezas materiales corren el riesgo de no encontrar a Dios.

“El amor al dinero es la raíz de todos los males”, declaró. “Donde sea que el dinero está al centro de todo, no hay espacio para Dios ni para el hombre”.

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