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Miguel R. Valladares García

viernes 16 noviembre 2018

“Levantamientos” y desapariciones son frecuentes en la periferia de SLP: Informe

Rubén Pacheco / Pulso
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Los “levantamientos” y desapariciones son frecuentes en las periferias de Monterrey y San Luis Potosí, donde los jóvenes relatan haber perdido hermanos y otros parientes como consecuencia de su relación con el tráfico de drogas, reveló el informe “El futuro de los jóvenes pobres en México”, realizado por Centros de Investigación Conacyt.

El estudio elaborado por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), los Colegios de San Luis (Colsan) y de Michoacán (Colmich) y el Instituto Mora, expuso que la inseguridad y la violencia sobresalen en las localidades del Estado de México, Michoacán y Sonora, y en las zonas metropolitanas de Guadalajara, San Luis Potosí, Monterrey, Tijuana y Ciudad de México.

Según el reporte, en las localidades estudiadas, la violencia derivada de la delincuencia organizada afecta el desarrollo de la juventud, donde la inseguridad se recrudece por la falta de alumbrado público y las deficiencias en el transporte público.

La información desglosa que La Tercera Chica, sufre “serios” problemas ambientales ocasionados por la presencia de los más de 140 talleres ladrilleros, establecidos ahí de manera irregular.

Aunado a ello, reporta que según la Dirección General de Seguridad Pública del Estado (DGSPE), dicha colonia es uno de los 15 barrios en la ciudad con mayor presencia de pandillas y delincuencia.

“En este contexto de precariedad es altamente probable que adolescentes y jóvenes sean reclutados por estos grupos para dedicarse a trabajos ilícitos o relacionados con el narcotráfico, lo que conlleva una grandísima amenaza a su libertad y a conservar la vida”, advierte.

El caso de Luis

La investigación relata la historia de Daniel de 22 años, hermano de Luis, residente de la colonia  Tercera chica, ubicada al norte de la capital potosina, quien comenta que su familiar andaba todo el día en la calle, drogado.

Daniel expresa que su padre le ofreció ayuda para iniciar un puesto de tacos, accediendo a la petición en 2013, en las inmediaciones de Las terceras. Sin embargo, el negocio solo duraría un par de meses, porque Luis fue secuestrado y desaparecido. Hasta la fecha (agosto 2017), la familia no sabe nada de su paradero.

“Mi hermano no andaba bien, se juntaba mucho con una señora que supuestamente vendía droga. Un día mi hermano agarró su bicicleta para ir a trabajar en el puesto de tacos y ya nunca regresó… Dejó el puesto abierto y su bicicleta estaba ahí”, recuerda el joven.

Falta de oportunidades

Ignacio de 22 años de edad, casado y padre de una niña de tres años, habita con su familia en un terreno que les presta su suegra en la mencionada colonia capitalina, donde ha permanecido toda su vida.

Previo a esto, huyó de casa a los 15 años junto con su hermano, secuestrado y desaparecido unos años después, debido a la violencia y maltratos que su padre alcohólico ejercía contra él y sus hermanos.

La percepción salarial del muchacho es de alrededor de 110 pesos diarios. En la actualidad, trabaja como cargador y “quemador”, donde las jornadas laborales son de 11 horas, tiempo en que carga y descarga camiones de 10 mil a 20 mil ladrillos.

“Un día (a los 17 años de edad) estaba trabajando en el horno, pero sufrí una caída fuerte en la puerta, el piso estaba bien caliente, se me derritieron los zapatos. Los brazos y las manos se me llenaron de ampollas”, refiere.

No basta con el crimen organizado

En colonia La Tercera, adyacente a La Tercera Chica, Cecilia y Lucio tenían 16 y 17 años respectivamente cuando fueron padres de un niño que hoy tiene siete años. Viven con 550 pesos semanales que Lucio gana como cargador en las ladrilleras, cuando hay trabajo.

Hace cuatro años, cuando aún vivían con sus suegros, Lucio tuvo un accidente laboral que le provocó quemaduras de tercer grado en diferentes partes del cuerpo.  En consecuencia, estuvo hospitalizado un mes y medio, dejando de trabajar durante tres meses.

Al mes de la convalecencia, comenzaron las fricciones en el hogar de sus suegros y Cecilia se vio obligada a salir a buscar empleo como asistente doméstica. Tiempo después presentó una severa crisis nerviosa por el aspecto económico y la incapacidad de Lucio.

Los adolescentes se instalaron en un terreno irregular en donde, como pudieron, construyeron un cuarto para vivir. Cecilia tiene el anhelo de contar con una vivienda propia y “le estresa saber que de un momento a otro podrían perder la inversión del cuarto que han construido en un terreno bajo litigio”, expone el relato expuesto en la investigación.

Rompiendo el pensamiento de pobreza  

Zenaida vive en Potrero, localidad rural del municipio de Catorce, con Mine su madre y Clara una sobrina de 6 años de edad cuya madre (hermana de Zenaida) emigró a Monterrey para trabajar como empleada doméstica y conseguir recursos para mantenerla.

La adolescente de 16 años de edad, charla que se dedica a las labores domésticas: preparar alimentos, asear las habitaciones, el patio, cuidar a Clara y estar al pendiente de una pequeña tienda propiedad de su madre.

“A mi mamá (…) lo que no le gustaría tener que hacer, es apoyarme después para irme a Matehuala a estudiar) a la universidad). Para mí no es opción irme a Monterrey. Me dijo mi hermana  vámonos le dije que no, así como se pone (se refiere a los sucesos relacionados con el crimen organizado). No, yo no. Siento que nada más no la hago”, expresa.

Pese a lo anterior, la adolescente admite con tristeza y resignación: “Más que nada, las opciones que tengo son: irme a trabajar a la gasolinera, Monterrey, irme a Real de Catorce, casarme”.

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