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Miguel R. Valladares García

jueves 13 diciembre 2018

A 33 años de la avalancha en Armero, Colombia, sigue búsqueda de niños

Notimex
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Los colombianos recuerdan hoy la avalancha que desapareció el pueblo de Armero, el 13 de noviembre de 1985 que dejó 25 mil muertos, la tragedia más grande en la historia de este país andino y a 33 años sigue la búsqueda de los niños desaparecidos o adoptados de forma irregular.

La Fundación Armando Armero lanzó este martes una página web http://armandoarmero.org, para ayudar a encontrar a los centenares de niños perdidos durante aquella tragedia que enlutó a Colombia, “una causa que deben enarbolar todos los colombianos”.

Este 13 de noviembre de 2018 es “otro año más donde las víctimas del Estado, de desastres de origen natural, los niños perdidos de Armero que fueron adoptados por conductos regulares o irregulares permanecen invisibles”, señaló la organización civil.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), “literalmente ha dado la espalda, pero nosotros seguimos con nuestra investigación y logrando reencuentros por ADN, gracias a los cotejos que donan los genetistas Emilio q.e.p.d y Juan Yunis”, agregó.

Durante la tragedia de Armero y los meses siguientes, la búsqueda de familiares y amigos se convirtió “en un verdadero viacrucis. Averiguamos en hospitales, refugios, carpas, albergues, hogares de bienestar familiar, escuelas e iglesias acondicionados en esa época para recibir a heridos, a ilesos y sobrevivientes”.

Los familiares y madres “con una foto de su familiar perdido que mostraron en inimaginables lugares caminaron y viajaron kilómetros averiguando por la suerte de sus hijos”.

“En la web. www.armandoarmero.org estamos exponiendo estos expedientes, en la barra Niños perdidos el visitante puede ver estas historias catalogadas como: Padres buscan a sus hijos, Hijos buscan a sus padres, Reencuentros y otros casos, este último presenta búsquedas de personas que no necesariamente son de Armero”.

“Al día de hoy tenemos más de 450 expedientes, es decir, en nuestra base datos registramos este número de menores que hoy son adultos y son buscados por sus familiares y más de 30 adoptados de diferentes lugares del mundo que buscan a sus familiares”, explicó la Ong.

La tragedia de Armero fue causada por la erupción del Volcán Nevado del Ruiz que sorprendió a varios poblados del departamento de Caldas y Tolima, en el centro occidente de Colombia, pero la furia volcánica con sus flujos piroclásticos, fundió cerca del 10 por ciento del glaciar de la montaña.

El imponente y bello Volcán Nevado del Ruiz, se despertó con furia después de 79 años de inactividad, o dormido, como decían los campesinos de la zona.

Con esta sacudida del volcán el pueblo de Armero fue sepultado por los flujos de lodo, tierra que bajó desde el cráter de la cima de la montaña y a 60 kilómetros por hora recogía escombros a su paso.

La velocidad fue tan arrolladora en toda la zona que llegó hasta los causes de los seis ríos que tienen su nacimiento en las estribaciones del Volcán Nevado del Ruiz y el municipio de Armero -que estaba ubicado a 50 kilómetros del volcán- fue sepultado con su gente, su iglesia y sus casas para siempre.

Armero es ahora un Campo Santo, parecido a un pueblo fantasma novelesco de la edad media, que sobrevive con los espíritus de sus muertos entre maleza, matorrales y palmeras, con sus destruidas viviendas, con las cruces, y epitafios, con un modesto museo para mantener viva la historia de los Armeritas.

A un costado de la carretera -que dividió el pueblo desde 1908 cuando se llamaba San Lorenzo y luego se reemplazó por Armero en 1930 en memoria del prócer de la independencia de la Provincia de Mariquita (Colombia) José León Armero- está un aviso de señalización con la palabra: Cementerio. Esta es la bienvenida al Campo Santo.

Cincuenta metros al costado del aviso está una pequeña y solitaria tumba pintada de blanco en la que se lee: 13 noviembre – Rodrigo Senezuela y Familia-1985. Y en su alrededor a uno y otro lado de la carretera están las huellas de las pocas casas que quedaron en pie, destruidas por las avalancha de 1985.

En cada uno de los pedazos de paredes que quedaron en pie, están los nombres y apellidos de quienes vivieron en ellas, frases de esperanza, frases que claman por encontrar los desaparecidos, muros que se resisten y luchan contra la voracidad de la maleza, el hongo y los gigantes y frondosos árboles que intentan cubrirlas.

A lado y lado de la carretera, hay uno que otro sobreviviente que ofrece a los visitantes un recorrido por el destruido Armero con un álbum digital con fotografías y video donde cuentan su historia por dos o tres dólares.

En la entrada al Campo Santo está un pequeño y modesto museo que se sostiene con las donaciones de los visitantes nacionales y extranjeros. En este lugar se encuentra la historia comprimida de Armero antes, durante y después de la erupción del Volcán Nevado del Ruiz.

En fotografías está la iglesia, el parque, cómo eran las casas en su interior, el comercio, las fotos de familias desaparecidas por la avalancha, las imágenes del rescate, la fotografía de la Niña Omaira Sánchez Garzón, símbolo de la tragedia, quien murió con el lodo al cuello y en una lucha incesante de tres días y tres noches para intentar su rescate que era transmitido al mundo en directo por la televisión colombiana.

El 16 de noviembre la niña de 15 años de edad, que los cumplió el 28 de agosto de 1987, cerró los ojos para siempre y dejó un dolor profundo entre los rescatistas que lloraron ante la impotencia de sus fuerzas y el poder de la naturaleza.

Esa imagen está en este pequeño museo que también hace una reseña del Volcán Nevado del Ruiz cuando el 13 de noviembre de 1987 hizo erupción.

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