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Miguel R. Valladares García

martes 18 diciembre 2018

Ellas son las mujeres poblanas que encaminaron la Revolución Mexicana

El Universal
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El 18 de noviembre de 1920, dos días antes de lo planeado, estalló en Puebla la primera confrontación de lo que se conocería como la Revolución Mexicana. Ese día, los hermanos Serdán, militantes del Partido Anti Reeleccionista, defendieron su casa de fuerzas policiacas del régimen porfirista que iban tras uno de los principales ideólogos del movimiento: Aquiles Serdán, a quién Francisco I. Madero, exiliado en Estados Unidos, había encomendado encabezar la revuelta armada.

Tras el asedio en el que murieron Máximo y Aquiles, Carmen Serdán, la hermana mayor, fue aprehendida y encarcelada al lado de su madre y su cuñada, Filomena del Valle, esposa de Aquiles. Las tres mujeres fueron remitidas a la cárcel de La Merced y después las recluyeron en el Hospital de San Pedro.

Pese a que en los libros de historia el papel de Carmen Serdán se limitó a la ayuda que prestó a los revolucionarios que defendieron su casa, donde incluso resultó herida, su participación, junto con la de otras mujeres que formaban parte una liga femenil, ayudó a propagar los ideales de la Revolución y en contra de la dictadura de Porfirio Díaz, principalmente a clubes feministas que ya existían por todo el país, asegura Rocío García Olmedo, fundadora de la Asociación de Mujeres Abogadas de Puebla.

Esta liga femenil estaba integrada por mujeres poblanas que llevaban a cabo acciones de propaganda antireeleccionista, e incluso se reunieron con Francisco I. Madero, quien les ofreció una política de igualdad en la remuneración por el trabajo, según García Olmedo.

Este grupo se reunía en secreto y fue el encargado de difundir el Plan de San Luis, que indicaba los pasos a seguir para el levantamiento armado. También se ocupó de los preparativos para la guerra en la entidad, como almacenar pertrechos, hacer transacciones para comprar armas, pólvora y dinamita para las fuerzas revolucionarias.

Entre sus integrantes se encontraban tanto Carmen, su hermana Natalia y su propia madre, doña Carmen Serdán, así como Filomena del Valle, las hermanas Guadalupe, Rosa y María Narváez Bautista, Paulina Maraver e Ignacia Vázquez. Posteriormente la propia esposa de Madero, Sara Pérez, se sumó a esta liga.

El grupo estaba ligado a club político Luz y Progreso, formado en julio de 1909 y que estaba formado por 66 miembros, todos hombres. Por esta razón Carmen y otras mujeres, además de usar un lenguaje secreto, debían usar seudónimo; el de ella era “Marcos Serrato”.

De acuerdo con la académica María Teresa Martínez Ortiz, de la Kansas State University, la figura de Carmen Serdán y otras luchadoras revolucionarias ha sido opacada por la idealización de figuras como “las adelitas” y “las soldaderas”, que limitan la participación de las mujeres a acompañar a los revolucionarios a las batallas, olvidando los otros roles que desempeñaron.

En el caso de Carmen Serdán, quien participó como parte de la Junta Revolucionaria en Puebla y colaboró en las páginas de El Hijo del Ahuizote y del Diario del Hogar, tras la muerte de Francisco I. Madero, se incorporó como enfermera a las fuerzas combatientes y después una activa lucha, murió el 21 de agosto de 1948, a los 73 años.

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