FUNDADOR MIGUEL R. VALLADARES GARCIA      JUEVES 09 SEPTIEMBRE 2010
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Trabas para un medicamento
Una joven contrajo el nuevo virus de la influenza. Además de los malestares de la enfermedad que mantiene a San Luis en alerta, enfrentó una cerrada burocracia para conseguir el medicamento que el sector salud ofrece en exclusiva.
J. Antonio González San Luis Potosí/Pulso
30 ABR 2009

Las trabas en plena epidemia
Salud niega el medicamento a enfermos de influenza diagnosticados por médicos privados.
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Andrea López Tolentino, de 22 años de edad, contrajo el nuevo virus de la influenza y gracias a un diagnóstico y tratamiento oportuno, ahora se encuentra en recuperación. Ella fue atendida en un hospital privado y cuando de ahí la canalizaron al sector salud para obtener el antiviral requerido, no le atendieron la urgencia porque llevaba receta de un médico particular. Debió conseguir la medicina en otro lado.
En entrevista telefónica con PULSO, la joven de 22 años de edad relató su experiencia con la enfermedad que en San Luis Potosí ha cobrado 13 vidas.


Apenas el domingo pasado se sintió mal: “Estuve teniendo tos y dolor de cabeza, una noche antes había estado en un jardín con unos amigos y pensé que era un resfriado normal.
“Pero el mismo domingo empezaron a agravarse los síntomas con más tos y dolor y fui al doctor. El doctor de guardia me dijo que estaba bien y que a lo mejor nada más era un resfriado, pero que por la alerta biológica me tendrían que hacer una radiografía de tórax”.
Entonces se la hicieron. “Me dijo que salió mal, que podían ser principios de neumonía, que necesitaban hacerme unos estudios de sangre y llamar a un neumólogo; me hicieron los estudios, el neumólogo del hospital estaba ocupado y mandaron llamar a otro”.
El doctor le dijo que en las radiografías estaba bien, “que se había equivocado el primer doctor y que los análisis de sangre habían salido bien; me dio medicina para el dolor y la fiebre y me dijo que en tres días iba a estar bien y que si tenía algún otro síntoma regresara
al hospital”.

LA BUROCRACIA
Andrea refiere que el lunes “estuve bien pero al mediodía me empecé a sentir mal, empecé a toser más, me dolía más la cabeza; empezaron a empeorar los síntomas y concerté otra cita con otro doctor, con el doctor Benavente y pasé mis radiografías a la Beneficencia Española porque no había quién las interpretara
el domingo”.
Agrega que “me fui con el doctor (Víctor Manuel ) Benavente, quien checó las radiografías y me dijo que se habían confundido porque el rayo había penetrado mucho y que por eso no se veía claramente y que los estudios de sangre habían salido bien porque tenía aún poco tiempo con los síntomas”.
Luego “me revisó y me diagnosticó la influenza. Me dijo que tenía que ir a un centro de salud pública, que sólo ahí tenían
el medicamento”.
Relata que “estuve buscando el centro de salud y ahí me dijeron que no tenía mi hoja de referencia, le respondí que la conseguiría y me dijeron que eso sólo lo dan en el Seguro Social, pero el caso es que mi doctor había sido particular y no me querían dar el medicamento por la falta de la hoja de referencia”.
Andrea les aclaró que ya la habían diagnosticado. “Después de discutir un rato, me dijeron ‘no pues regresa mañana porque cerramos a las nueve’ y que aparte necesitaba la hoja; yo no sabía si al día siguiente iba a poder ir y me la iban a dar sin la hoja o me iban a hacer que fuera al Seguro a diagnosticarme para luego regresar por la medicina”.
La joven tomó una decisión: “Mejor me vine a mi casa, mis familias estuvieron tratando de encontrar la medicina por otro medio y la consiguieron ese día en la noche”.
Andrea no lo dice, pero cercanos a ella afirman que fue necesario acudir a contactos con funcionarios estatales para conseguirle la medicación, ya entonces agotada en farmacias. Observan incluso que la joven tuviera que moverse de un lado a otro de la ciudad en trámites para conseguir el fármaco, “cuando se supone que recomiendan a enfermos mantenerse en
sus casas”.
UNA MEJORÍA
“Los síntomas han ido reduciéndose”, afirma. El termómetro llegó a marcarle cerca de los 40 grados de temperatura.
Ella sabía que tenía influenza y que por lo que ocurre en el país, es algo mortal si no se atiende con oportunidad. Por eso, estaba tranquila porque “el doctor Benavente me dijo que era muy controlable porque tenía pocos días, que lo habían detectado a tiempo, aunque en mi familia sí estaban muy preocupados”.
No sintió temor de llegar a una situación grave, “la verdad ya había oído en las noticias que era controlable, que había medicinas si se diagnosticaba a tiempo”.
Al recordar el trance en el sector de salud en donde no obtuvo el medicamento que necesitaba, Andrea deplora que se haya dado esa situación.
“Sí estuvo muy mal que cuando yo les dije que ya me habían diagnosticado la influenza y les había llevado mi receta para solicitar la medicina, me dijeran que no porque era de un médico particular”.
Por lo pronto, se encuentra aislada en su recámara, pero desde este jueves ya podrá caminar libre por su casa y “a esperar a ver si ya me da de alta el doctor”. Su familia y amistades cercanas que han tenido contacto con ella ya fueron observadas y están bien.
Por último, le dice a la población que enfrenta la posibilidad de contraer la enfermedad: “Cuando tengan los primeros síntomas vayan al doctor, que sigan todas las recomendaciones; si les dicen que estén en reposo, que de verdad lo hagan y no salgan de su casa”.
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