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viernes 15 diciembre 2017

Amarillo intenso

Alfonso Lastras Martínez
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El pasado 29 de julio se cumplieron 127 años desde la muerte del pintor holandés Vincent van Gogh, quien se suicidó en 1890 de un balazo en el pecho a los 37 años. A pesar de su relativamente breve existencia, van Gogh pintó del orden de 900 cuadros. Los pintó, además, durante sus últimos diez años de vida, pues antes de dedicarse a la pintura, lo hizo a una serie de actividades de lo más variado que, sin duda, reflejan lo inestable de su carácter. Trabajó así para la sucursal de La Haya de una galería de arte parisina, también como ayudante en una librería en la ciudad holandesa de Dordrecht, como ayudante de un pastor protestante en Inglaterra, como estudiante de teología en Amsterdam y como misionero en unas minas en la región de Mons en Bélgica. Solo después de establecerse en Bruselas en 1880 fue que resolvió dedicarse a la pintura.

Aun para los que no somos conocedores en materia de pintura, es evidente que la pintura de van Gogh evolucionó grandemente en un tiempo corto. Baste comparar los colores oscuros de “Los comedores de patatas” de 1885, con los colores vívidos, con abundante amarillo, de “El café de noche” de 1888. Por otro lado, aunque no hay un diagnóstico certero, se sabe que van Gogh sufrió de padecimientos mentales que incluso lo llevaron a ser internado en sanatorios hacia el final de su vida, y al respecto es ilustrativa la anécdota según la cual se habría cortado una oreja con una navaja después de una disputa con el pintor Paul Gauguin. Dadas estas circunstancias, hay quienes se preguntan si las drogas que le fueron administradas para tratar sus padecimientos pudieran haber influido en el estilo de van Gogh como pintor; de manera específica, en su percepción de los colores.

Si bien no se sabe con certeza con qué drogas fue medicado van Gogh, se ha especulado que pudiera haber sido tratado con un derivado de la planta conocida como dedalera, que era usada en la época para tratar, además de padecimientos cardiacos, diversas enfermedades neurológicas y psiquiátricas. Se sabe, por otro lado, que una sobredosis de dedalera produce un cambio en la percepción de los colores que adquieren un tinte amarillo, lo que estaría relacionado con el uso generoso de este color en algunas pinturas de van Gogh.

Otro efecto de la intoxicación con dedalera es la percepción de círculos alrededor de un punto luminoso, efecto que es también visible en algunas pinturas de van Gogh. En particular, este efecto es notable en “La noche estrellada”, que presenta una vista nocturna desde la ventana de su cuarto en el manicomio de Saint-Remi-de-Provence en el sur de Francia, en donde voluntariamente se recluyó hacia el final de sus días.

La hipótesis sobre el uso de la dedalera por van Gogh está apoyada por el cuadro “El retrato del doctor Gachet”, en donde el pintor retrató al médico que lo atendió en sus últimos meses de vida. En dicho cuadro, el doctor Gachet aparece sentado en una mesa pensativo, destacándose sobre la mesa en la parte inferior del cuadro una rama de dedalera.

La aparición de una rama de dedalera en un cuadro de van Gogh, si bien no prueba su consumo por el pintor, sí establece su cercanía con la planta, a la que, curiosamente pintó con un color que no corresponde a ningún color natural. Hay que hacer notar, sin embargo, que el “Retrato de doctor Cachet” fue hecho en 1890, a pocos meses de la muerte de van Gogh, y que éste usaba el amarillo con profusión aun antes de conocer al doctor Cachet. Esto, por supuesto, no descarta que van Gogh hubiera empleado previamente la droga recetada por sus anteriores médicos.

Además de la dedalera, se ha aventurado que van Gogh podría haber tenido una alteración en la percepción del color por el abuso en el consumo de licor de ajenjo que era muy popular en Paris entre los pintores de la época. Según otras opiniones, sin embargo, esto es poco probable por las grandes cantidades de ajenjo que tendría que haber consumido antes de tener un efecto apreciable.

A pesar de lo atractiva que resulta la hipótesis de la intoxicación de van Gogh por dedalera y el impacto de ésta en su pintura, no tenemos suficiente evidencia para probarla o refutarla. Hay incluso quien considera que la hipótesis más probable es que el pintor haya simplemente decidido usar profusamente el amarillo con plena conciencia y por motivos artísticos, y no bajo el influjo de una droga.

De un modo u otro, en el 127 aniversario de su trágica muerte, habría que agradecer a Vincent van Gogh por los cuadros que heredó a la posteridad –algunos, fantásticos, con profusión de amarillo– y lamentar que, en pago, la vida lo haya tratado tan mal.

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