Fundador:
Miguel R. Valladares García

Viernes 18 Agosto 2017

Amenaza y miedo

Martha Ocaña
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Distingo dos tendencias en la opinión pública: la producción de amenazas y la reacción que producen dichas amenazas. Entendiendo éstas como todas las nuevas disposiciones que alteran el estilo de vida de casi todos los habitantes de este país, es decir: reformas y aumentos principalmente.

Las amenazas si bien no fueron claras para muchos, se fueron presentando conforme la “ola Trump” subía de tono y escandalizaba los mercados mundiales, disparando el tipo de cambio -peso dólar- en nuestro país. Y lo vimos avanzar aunque en principio siempre teníamos la esperanza que nos provocaba la incredulidad, o la negativa para aceptar tan malas noticias en el plano económico, después de tener semanas y meses de olas violentas entre asesinatos o “desapariciones forzadas” o gobernantes prófugos de la justicia.

Así, entre temas que nos mantenían en estado de alerta por la inseguridad en calles o casa habitación, la pesadilla de muchos se convirtió en realidad y así vimos como llegaría a la silla presidencial de las barras y las estrellas, la sonrisa irónica de ese hombre –caricatura que logró su propio sueño americano: llegar a ser presidente sin seguir ni la tradición ni las reglas que una gran mayoría consideró hasta ese momento, sagrados.

El miedo y la amenaza se filtraron sin sentir en nuestros huesos y nuestras vísceras y se manifestaron en memes y variaciones cómicas o trágicas para representar una realidad que se antojaba transitoria e inverosímil. Pero estaba ahí, siendo parte de nuestra vida y nuestro momento histórico. Las redes se llenaron de argumentos para desacreditar a quien dejaba de ser un candidato y se convertía en un presidente electo. Estos medios de comunicación tan polémicos y controvertidos, inundaron la oferta sobre la opinión pública y nos dejaron ver el siniestro destino de los mexicanos y del mundo en general una vez que DT tomara acciones como líder del país más poderoso del mundo.

Ese temor ante lo desconocido pero predecible, desplegó cadenas de oraciones así como explicaciones que nos permitieran racionalizar o sublimar la tormenta que se nos venía encima. Atarantados en ello estábamos cuando nos topamos con las fiestas navideñas, el entusiasmo por el aguinaldo y las vacaciones que podríamos gozar y que ingenuamente creímos traerían cierta tranquilidad después de un cierre de año tan convulso como fue el 2016.

En eso estábamos, digiriendo el pavo, los romeritos, los buñuelos, el ponche y el bacalao, cuando nos dimos cuenta que dentro de esa piñata, similar al caballo de Troya, nos habían ensartado el gasolinazo con argumentos que hasta el día de hoy no convencen ni a letrados ni a líricos. De pronto estábamos terminando el año haciendo filas para cargar un tanque o una garrafa y evitar aunque sea por única y primera vez en el 2017, el golpazo del aumento a $17 y pico de pesos.

A pesar del malestar social, más artificioso que honesto y condensado en vandalismo, saqueo y violencia, nada ha movido a las autoridades para dar un viraje o marcha atrás por la decisión tomada. Más allá de esto, la administración central decidió reivindicar al deshonrado y antes hombre fuerte detrás del trono, para colocarlo en la posición privilegiada como canciller de este país. Situación que sin comprometer su capacidad o incapacidad, molesta a la ciudadanía que se siente más burlada que nunca ante tales acciones. Se cumple aquí el dicho que dice que lo que molesta no es el hecho sino las formas.

Hoy, en el amanecer de un nuevo año y con la mirada puesta en el termómetro que marca el clima y los grados de frío o calor que padeceremos el resto del invierno, tenemos nuestra visión puesta en las amenazas que el clima político distingue. Los enemigos: la macroeconomía, la corrupción, el vandalismo, el crimen organizado y la lista va en aumento.

El ciudadano común y corriente parece no tener escape, sus únicas fugas son el humor no sé si negro contenido en los memes y chistes sobre lo que la clase política hace con los ciudadanos. O bien, el síndrome de la plegaria y la tendencia del pensamiento positivo. Pero es un hecho que no hay una voz que tenga propuestas pragmáticas que alimenten el disenso civilizado en pro, en búsqueda de soluciones que medien entre las decisiones que afectan al 90% de nuestra población y la macroeconomía a la que le tiene sin cuidado, el albañil, el obrero, la secretaria o el pequeño emprendedor. Esos que “cuentan poco”, pero que al final pesan pues son el ingrediente esencial para un caldo de cultivo que puede bullir a una temperatura que de no tener en cuenta nos quemará a todos por igual.

El miedo y la amenaza nos hacen consumir sus productos sin filtro ni cedazo. Somos de esta manera, más vulnerable pues no estamos aplicando criterios para discernir entre la realidad y el rumor. Nos dejamos llevar o nos mantenemos anestesiados incapaces de generar soluciones que surjan de la gente y no de imposiciones.

Crecer como pueblo o comunidad implicaría aplicar esos criterios, quizá entonces elevemos el nivel de la discusión y nuestros gobernantes nos verán con el respeto que nos merecemos antes de tomar decisiones de tan alto impacto. No se trata de rezar o de reír con caricaturas electrónicas, se trata de crecer.

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