Fundador:
Miguel R. Valladares García

sábado 24 febrero 2018

¡Bien haiga!

Catón
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Don Pachichi era señor de muchos años. Aun así se las arregló para convencer a Dulciflor de ir con él al Motel Kamagua. Lo que ahí vio la linda chica la sorprendió bastante. “¡Caramba, don Pachichi! -exclamó admirada-. ¡Yo pensé que lo suyo ya estaba en vías de extinción, y estoy viendo que está en vías de extensión!”. (No le entendí)… Babalucas le comentó a un amigo: “¿Sabías que Binubio es muégano?”. “¿Cómo muégano?” -se desconcertó el amigo. “Sí, hombre -confirmó el badulaque-. Ésos que tienen dos esposas”. Los recién casados llegaron al hotel donde iban a pasar su noche de bodas… Les preguntó la recepcionista: “¿Quieren cama king size o matrimonial?”. “King size” -se apresuró a decir la desposada. El enamorado novio le preguntó por lo bajo: “¿Por qué king size, mi amor? En cama matrimonial estaremos más juntitos”. “King size -insistió ella-. Espera a que me quite la faja”… Un tipo le contó a otro: “Mi esposa y yo éramos muy cachondos cuando novios. Hicimos el amor antes de casarnos”. Replicó el otro: “Muchas parejas hacen el amor antes de casarse”. Preguntó el tipo: “¿En el atrio de la iglesia?”… Entre meseros, taxistas y maleteros el actor Robert de Niro tiene fama de avaro cuando de dar propinas se trata. Se le llama Robert No De Niro, pues su apellido suena como la palabra “dinero” en español. En cambio Jackie Gleason era muy apreciado por las espléndidas propinas que solía dar. En cierta ocasión le preguntó al croupier de un casino de Las Vegas cuál era la propina más grande que había recibido. “2 mil dólares, mister Gleason” -contestó el empleado. El artista contó 2 mil 500 dólares y se los entregó. “Aquí tienes. Ahora podrás decir que la mayor propina de tu vida te la dio Jackie Gleason. Pero dime: ¿quién te dio la de 2 mil?”. Respondió el croupier: “Usted”. Lorenzo Garza, gran torero, era además hombre generoso. Una vez, después de torear una corrida en Saltillo, fue en compañía de varios amigos a tomar una copa en el bar del Hotel “Arizpe”, entonces el mejor de la ciudad. El cantinero, originario de Monterrey, resultó ser pariente suyo, y el diestro le dio una propina de mil pesos. En aquellos años con esa cantidad se podía comprar una casa. Meses después el diestro regresó a mi ciudad, y fue de nuevo al mismo bar. Su pariente lo llevó aparte y le dijo: “Lorenzo: si me vas a dar propina dámela afuera, pues la que me diste la vez pasada tuve que compartirla con mis compañeros”. El torero añadió a la cuenta mil pesos de propina. Luego llevó a la calle a su pariente y ahí le dio otros mil para él. Todo esto viene a cuento porque causó mucho revuelo la noticia de una supuesta propina de 50 mil pesos que un empresario regiomontano habría dado en Guadalajara. El revuelo era infundado: la tal propina, si bien muy generosa, fue de poco más de 3 mil pesos. Y aunque hubiera sido de 50 mil: quien la dio tiene derecho a hacer con su dinero lo que le venga en gana, pues es muy su dinero. Si lo quiere regalar bien haiga, como dice la gente del Potrero. Criterio muy distinto ha de aplicarse a los dineros públicos. Ésos pertenecen a la comunidad, por lo cual quienes los manejan están obligados a dar cuenta de ellos. En tratándose de un ciudadano privado cabe recordar al tipo que ganó 5 millones en la lotería. Se desapareció del pueblo, y al cabo de un año regresó sin un centavo. Alguien le preguntó: “¿En qué gastaste todo ese dinero?”. Respondió el sujeto: “Un millón en mujeres, otro en vino, el tercero en buenas viandas, y lo demás en puras pendejadas”. Ahora soy yo quien dice: “¡Bien haiga!”, recordando el refrán según el cual “Lo comido, lo bebido y lo follado es lo único aprovechado”. FIN.

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