Fundador:
Miguel R. Valladares García

Jueves 18 diciembre 2014

¿Cómo detener la violencia?

Leonel Serrato

Q uejarnos es el deporte nacional mexicano, y aunque la mayoría de las veces existen sobradas razones para hacerlo, queda la enorme insatisfacción de que las quejas solas no conducen a que las cosas cambien.

Las acciones del Presidente Felipe Calderón han servido sólo para convertir el suelo nacional en un resumidero de la sangre de decenas de miles de compatriotas de todas las edades y sin distingo de género; eso es absolutamente cierto; ha habido una masacre durante todos estos años.

Las omisiones del gobernador potosino (póngale Usted el nombre que desee de entre los dos últimos) han transformado a nuestro San Luis en un matadero, en un infierno para los migrantes centroamericanos que tienen el infortunio de pasar por aquí, y en un cementerio para las familias de miles de personas: impunidad, irresponsabilidad oficial, y mentiras sobre el tema.

A últimas fechas se han sumado al baño de sangre la gravísima decisión de los choferes-guaruras, que han puesto al frente de las corporaciones municipales de policía, sobre el infame envío de oficiales de vialidad a confrontar un motín en el penal de La Pila en la capital del Estado.

La violencia que genera intranquilidad y muerte está ganando la partida a los potosinos.

¿Qué podemos hacer?

¿Cambiar de gobernantes? Bueno, sí, es una respuesta automática que nos coquetea de inmediato, pero no basta; ya vimos que al terminar Marcelo Santos en su encargo y entrar Fernando Toranzo nada cambió, sino que se agravó.

¿Responder con fuego al fuego de los enemigos de la paz, el orden y la legalidad? Eso se le ocurrió a Felipe Calderón, y el resultado ya lo conocemos, miles y miles de personas asesinadas, familias destruidas, desplazados de sus pueblos y ciudades, y una cantidad inmensa de dinero que se ha gastado en armas y demás pertrechos para las fuerzas del Estado; no es una solución, porque además se ha pervertido al Ejército y a la Marina Armada, dando como resultado un aumento inverosímil en las violaciones a los derechos humanos.

¿Civiles armados? Impensable, no quiero imaginar lo que pasaría si se nos autorizara a tener armas en nuestra posesión para usarlas como en el viejo oeste.

¿Despenalizar el consumo de drogas? Si; aunque el tema es polémico por la tremenda incidencia del gobierno y poderes fácticos de los Estados Unidos de América sobre nuestro país; yo considero que es una primera pieza en la construcción de la solución, asociada esa despenalización con otras acciones tanto del gobierno, como de la sociedad y de los otros factores reales del poder.

El incremento de la violencia se debe a las gigantescas ganancias que están asociadas al tráfico de drogas, pero no sólo a eso, sino también a la aceptación –o tolerancia– social hacia los propios narcotraficantes, y a la imparable e insostenible corrupción que lo fomenta.

He ahí varios espacios de oportunidad para la solución: la educación y formación en valores humanos en las escuelas, para que desde la niñez se establezca como absolutamente reprobable la violencia como medio para dirimir las controversias; invertir en educación, deporte y cultura será siempre mejor y más duradero que en armas; el saneamiento de lo que todos pagamos, que es el gobierno, no sólo a la policía como hoy se hace, sino a todos los funcionarios y empleados de los gobiernos, castigando la corrupción de modo ejemplar, efectivo, e inflexible; la corrupción es una forma inadmisible de violencia y ultraje a la población; y, eventualmente, que sea el propio estado el que regule el cultivo, procesamiento, empaque, transporte, venta al por mayor, y al menudeo, y desde luego el consumo de las drogas (como hoy se hace con los cigarrillos de tabaco), así como los programas sanitarios para inhibir su consumo, no a través de cárceles y violencia de Estado, sino dándole el tratamiento que debe tener el asunto como un problema de salud pública.

La violencia, sin embargo, debe ser detenida de tajo, haciendo cesar inmediatamente el uso de la fuerza pública, y llamando a un armisticio de los civiles que están al margen de la ley para que se conviertan en empresarios; llegando al extremo de considerar una amnistía para quienes han trasgredido la ley y dañado a la sociedad, como si de grupos beligerantes se tratara, exactamente como está haciendo ahora el gobierno colombiano con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Llamemos a los que hoy se agreden entre sí, y agreden a la sociedad, para que se asuman como mexicanos, e iniciemos un diálogo nacional sobre la conveniencia de la despenalización de las drogas.

En el ámbito local, debe ordenarse de inmediato la desmilitarización de las policías, y ejecutar acciones que distiendan las cosas, que cancelen la crispación que vivimos y que saquen el terror de nuestras calles y viviendas.

Una policía estatal científica de investigación que ataque los delitos comunes y no los relacionados con las drogas y sus consecuencias.

Una clara diferenciación de las policías potosinas, la estatal y las municipales frente a las fuerzas federales, con señales inequívocas de que se trata de cuerpos de paz y preventivos: no más oficiales encapuchados y armados hasta los dientes, sí protegidos y blindados, pero desarmados; apoyados excepcionalmente por grupos de oficiales experimentados, entrenados y equipados para el combate, pero que sean claramente identificados por la población como tales, y que todos sepamos que ellos intervienen sólo en condiciones de emergencia, que sus órdenes y disposiciones no admiten discusión alguna.

Patrullas, uniformes e insignias blancas; policías pulcras, civiles, de servicio social, comunitarias y expertas en los temas de prevención y mediación, integradas por nuestros jóvenes universitarios, como carrera o como servicio social profesional.

Cárceles que sean tales, dejando de lado los sueños guajiros de una pretendida y falsa readaptación social que ha hecho que terminen en universidades del crimen.

Ingenuidades

¿Políticos falsos o de cuento hardcore de hadas y ogros? Los alcaldes de nuestra zona metropolitana; a uno le editan sus imágenes publicadas en Internet para que no tenga arrugas, y al otro le convencen de usar un logotipo como el de Shrek Tercero. Penoso, pero hilarante.

leonelserrato@gmail.com

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