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Miguel R. Valladares García

lunes 19 noviembre 2018

Comprender al vecino distante

Marco Iván Vargas Cuéllar
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Han pasado pocas horas desde el cierre de las votaciones en la elección intermedia en Estados Unidos. Para las ocho o nueve de la noche, en los noticieros que daban cobertura a la jornada se empezaron a confirmar las proyecciones. El Partido Republicano conserva la mayoría en el Senado (incluso gana de uno a tres asientos más con respecto a la cantidad de posiciones que tenían anteriormente) y los Demócratas logran la mayoría en la Cámara de Representantes (que más o menos equivale en moneda nacional, a nuestra Cámara de Diputados).

Una gran cantidad de quienes vivimos de este lado del Río Bravo, habríamos esperado otros resultados. Se dijo que la elección intermedia sería un referéndum en el que el electorado en Estados Unidos se volcaría en una votación histórica donde las urnas estarían llenas de el descontento por la política emprendida por la administración Trump. Se habló de victorias significativas en Estados clave. Se habló de otro momento político en Estados Unidos determinado por el enorme voto latino. No ocurrió. La marea azul que ganaría la mayoría Demócrata en el Senado y en la Cámara de Representantes no llegó.

¿Por qué no pierde Trump? Vemos lo que queremos creer. Solemos interpretar la realidad según nuestro sistema de valores, creencias o principios. Reconozco que soy de los miles que se sorprendieron con la victoria de Trump en 2016. Los números no checaban, las encuestas decían una cosa, los clivajes que definen la elección resultaban determinantes para la derrota de Trump. Pasaron dos años, cayeron los resultados del martes y entendí el error. Algo que habita entre la soberbia y una completa falta de empatía. En aquel momento llegamos a pensar que gran parte del electorado de Estados Unidos tendría la misma postura que nosotros tenemos frente a los temas de la economía internacional, la relación bilateral con México, la reforma migratoria, the whole enchilada. Y no. El electorado de Estados Unidos es un grupo megadiverso que vota con lógicas complejas. Calculamos mal, no hay mucho voto latino entre las masas para la igualdad de razas.

Hay muchos ángulos para abordar a los resultados de la jornada electoral del martes. Quisiera proponer economía de esfuerzo, si usted sintoniza las noticias de Fox News verá una interpretación de los resultados, si le cambia a CNN verá otra, o si prefiere CNN en Español, le van a mostrar otra distinta. Ya habíamos advertido en otro momento que en ocasiones y de forma más consciente que accidental, uno selecciona la realidad que prefiere ver. No hay novedad en esto. De la elección en Estados Unidos quisiera destacar más bien algunas ideas para reflexionar (o provocaciones para debatir) sobre la democracia en México. Sí; en México:

Un presidente en campaña. En Estados Unidos no hay grandes restricciones para que el presidente en funciones haga proselitismo abierto en favor de su partido político. Ya habrán notado para dónde voy. ¿Por qué en México tenemos estas grandes restricciones? ¿Qué tiene de diferente el electorado en nuestro país con respecto al de Estados Unidos que lo hace tan vulnerable a los actos proselitistas de una autoridad que pueden afectar la equidad de la contienda?. Hay que hacer antropología política ahí, quizás encontremos que el problema no está en la vulnerabilidad de la gente, sino en lo que los propios actores definen como una contienda justa y equitativa. A nadie le gusta competir en desventaja. No muy lejos, se avecina una tormenta; tenemos que aprender a vivir con la reelección.

¡Hagamos una consulta pública!. En Estados Unidos, durante la jornada electoral se realizaron 155 consultas en 37 Estados sobre temas de interés público. La variedad es colorida: financiamiento de campañas, redistritación electoral (sí, hay Estados donde lo decide la gente), requisitos y restricciones para votar; consumo de mariguana, impuestos, seguridad social, energía (aunque no sean ingenieros), aborto, salario mínimo. Hasta antes de 2018, en México se intentó replicar este modelo dotando a las consultas de una infraestructura normativa, organizacional y logística que dota de legitimidad y validez a sus resultados. Una mayor cantidad de participantes perfecciona la mítica voluntad popular. El problema no está en el fin, sino en el medio.

México como modelo de paridad. En Estados Unidos hay gran entusiasmo por el inédito número de mujeres que alcanzaron posiciones legislativas en Estados Unidos, el 23% de escaños en el Senado serán ocupados por mujeres y el 19% en la Cámara de Representantes. Esto equivale a un 20% del total de posiciones legislativas en el ámbito federal. En México, la representación de las mujeres en el Congreso de la Unión es de un 48%. Acá tenemos estos resultados gracias a una larga e inacabada lucha por la paridad en la representación política. Todavía falta mucho por hacer, aquí y allá.

Es curioso. Recordé a Alan Riding, al tratar de entender a nuestros vecinos distantes terminamos aprendiendo sobre nosotros mismos.

Twitter. @marcoivanvargas

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