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Miguel R. Valladares García

miércoles 23 mayo 2018

Con el niño atravesado

Miguel Ángel Hernández Calvillo
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Los escándalos de connotados políticos panistas no cesan. Pudiera suponerse (sin concederse) que en el caso del candidato presidencial Anaya se trate de una ofensiva gubernamental, encaminada a bajarlo del segundo lugar en las encuestas, pero en los casos de otros miembros “distinguidos” del PAN queda la duda razonable de si, más bien, se trate de una descomposición en la práctica de los principios doctrinarios de ese partido a extremos de grave pudrición. Pudiera pensarse que, tomando algunas medidas correctivas, aplicadas a casos específicos por parte de la dirigencia nacional panista, se podría acabar con el problema; sin embargo, resulta que ni eso propicia que cambien de actitud quienes han hecho de las suyas.

En la entidad potosina tenemos el caso reciente del diputado local Mariano Niño, pillado en la entrega de apoyos en dinero a un presunto beneficiario que resultó difunto y que, luego, hasta le agradeció el gesto mediante una carta. Aún si fuera un “caso aislado”, como gustan justificarse éste tipo de representantes populares cuando no tienen para dónde hacerse, se deja al descubierto el grado de rapacidad alcanzado y la severa crisis moral por la que atraviesa un sector del panismo. Recuérdese que apenas salieron del aberrante caso de Enrique Flores y, ahora, les estalla éste grave asunto. Podrían decir que andan con el niño atravesado, consecuencia de una racha de mala suerte o de ataques propios de la época electorera, pero aún hay más.

El diputado Niño se ha defendido lanzando la papa caliente a uno de sus colaboradores que, por supuesto, ya fue corrido, alegando suplantación de identidad y otras “arañas”; sin embargo, con independencia de lo que se resuelva en el ámbito estrictamente legal, es evidente que, políticamente, las condiciones de credibilidad social de sus dichos son bastante frágiles. Y no puede ser de otra manera cuando en la actual legislatura potosina, en verdad, se han despachado con la cuchara grande del presupuesto, en niveles de voracidad que no se recuerdan tan burdos y con el correspondiente cinismo a la hora de atajar cualquier aclaración legítima sobre el destino razonable de los recursos públicos.

El caso del diputado en cuestión, y de otros más del congreso potosino, se ajustan bien al esquema pirandelliano de sujetos que fingen demencia para “olvidar”, convenientemente, lo que pudiera representarles un riesgo cierto de ser descubiertos en el “modus operandi” que los caracteriza, en este caso, de sus actos de rapiña. Puede ser que, ciertamente, sean muy hábiles para evitar que los alcance el largo brazo de la ley -sobre todo si los operadores de procurarla o aplicarla están, igualmente, cortados por la misma tijera-, pero inexorablemente serán ubicados, socialmente, como “embusteros”, como incapaces para superar el juicio de la historia que terminará por identificarlos, más temprano que tarde, por lo menos, como portadores de un cierto “animus chingandi”.

En este contexto, no es dato menor que ningún diputado local se atreviera a buscar la reelección. Eso sí, aspiran a brincar a otro nivel de representación popular, en el plano federal, pero ya será responsabilidad de las dirigencias partidarias, y eventualmente de los electores, permitir que se salgan con la suya. En suma, no sorprende que salga tanta mugre del congreso potosino, tampoco que los responsables de tanto desbarajuste bien organizado se hagan guajes; el problema es acostumbrarnos a tanta podredumbre y dejar que las cosas sigan como si nada. Sin que el diputado Niño estuviese obligado a pedir licencia al cargo para ser investigado, sería un buen gesto de su parte retirarse para luego regresar exonerado, si es que tan seguro está de no haber incurrido en irregularidades.

Pero son tiempos electoreros, dicen, y no es dable “hacer cosas buenas que parezcan malas” porque la duda siempre queda. En efecto, cuando no se aclaran de volada las cosas, se corre el riesgo de que se queden guardadas en la memoria social que no perdona. Allí está otro caso de una ex-diputada panista de Colima, Dania Puga, que pretendía volver como plurinominal de ese partido al congreso local en esa entidad federativa, pero fue bajada de la lista por la dirigencia nacional panista, luego de “recordar” que, en 2009, la susodicha fue arrestada por andar robando “chucherías” en una tienda de auto servicio (“La Jornada”, 10 de marzo de 2018). De los moches y otras trapacerías de otros distinguidos panistas ya mejor ni hablamos. El punto es que en el panismo andan con el niño atravesado y no parece promisorio que avancen por ese camino extraviado.

LA CAMINERA.- La Asociación Potosina de Abogados renueva por éstos días su directiva; destaca la participación del licenciado Arturo Rodríguez García que, antes, ha sido director de averiguaciones previas y subdelegado de la Procuraduría General de la República.

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