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viernes 21 septiembre 2018

Contralorías chafas

José de Jesús Jiménez Hernández
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El poder legislativo, más conocido como Congreso local o del Estado, tiene dos Contralorías Internas y las dos son chafas. El Congreso, el Congreso en sí, es un poder de control para el Poder Ejecutivo, pues en él radica la soberanía popular y ostenta la representatividad del pueblo; al cual, el Ejecutivo rinde anualmente informes del estado que guarda la Administración Pública y, trimestralmente, a través de la Cuenta Pública. Ya en el proceso administrativo, este poder, el Congreso, tiene y debe de tener su propia Contraloría Interna, que valide la administración de los recursos públicos que maneja el Congreso.

También la Auditoria Superior del Estado (ASE), que depende de la Comisión de Vigilancia del Congreso, y que es un órgano administrativo de control y fiscalización hacia los poderes ejecutivo, judicial y al propio legislativo, así como, para los diferentes entes autónomos, esta, la ASE, tiene su propia Contraloría Interna; así las cosas, en el Congreso del Estado hay dos Contralorías Internas y las dos son chafas.

¿Qué son las Contralorías Internas y cómo operan?

Son órganos que tienen las dependencias, las entidades y los órganos autónomos de la Administración Pública. Estas – las contralorías – dependen jerárquicamente y organizacionalmente del funcionario o dirigente de mayor jerarquía del ente de que se trate y, su función, es la de: controlar, supervisar y evaluar la administración de los recursos públicos, humanos, financieros y materiales que manejan los diferentes entes públicos. Su actuación es simultánea, es decir, al mismo tiempo en que se administran estos recursos; su acción no es a posteriori, pues su principal tarea es preventiva y, hasta cierto punto, de asesoría y consultoría para que, quien ejerce la administración, lo haga con gran pulcritud.

El diccionario dice que, “chafa”, es un artículo de mala calidad o mal hecho. Y, dícese también, de la persona que hace mal las cosas. Si consideramos la anterior definición de chafa, podemos decir, por la forma en que operan estas dos contralorías del Congreso, que, efectivamente, son chafas. Porque están haciendo mal -muy mal- las cosas que están obligadas a hacer de acuerdo con sus facultades y atribuciones que les otorga el marco jurídico en el que sustentan su hacer.

La Contraloría Interna del Congreso depende de la Junta de Coordinación Política, la famosa y penosa JOCUPO; ya que este cuerpo colegiado es el de mayor jerarquía de la Cámara. El Contralor o Contralora Interna, lo eligen los veintisiete diputados, quienes han seleccionado a personas de escaso perfil profesional para que les sea útil y tapar, y solventar sus trapacerías. No seleccionan o eligen a alguien con preparación o experiencia suficiente, con personalidad ejecutiva y con autoridad que pueda, en un momento dado, detener, observar y responsabilizar, en su caso, si detecta alguna irregularidad en el manejo de los recursos públicos del Congreso, es decir, de la Oficialía Mayor.

El Contralor o Contralora Interna, ha llegado con grandes compromisos con los diputados que le han elegido y reduce, por lo tanto, su función a depurar las anomalías existentes en el ejercicio del ingreso y el gasto. Si la Contraloría Interna del Congreso cumpliera con su deber, no sucederían la serie de irregularidades que la actual y las anteriores legislaturas cometieron y cometen constantemente. El Contralor debe estar muy atento, si cumpliera con su función, de que se respete el marco jurídico que norma el ejercicio del ingreso y el egreso de los recursos financieros, supervisaría que las erogaciones se realicen de acuerdo con el presupuesto autorizado, que se respeten las partidas presupuestales y que se gaste de acuerdo con la clasificación por objeto del gasto y, desde luego, considerando el respectivo calendario. Así también, debe tener la plena seguridad de que existe comprobación fidedigna, pero, sobre todo, que el gasto público SE JUSTIFIQUE.

Si la Contraloría Interna del Congreso funcionara como debe de ser, insistimos, no pasaría lo que pasó y está pasando con la actual y anteriores legislaturas; quienes cometen una serie de irregularidades y nadie, nadie les dice nada. Como ejemplo, y no solo por lo cuantioso del caso (pues hay otros robos al erario que pasan desapercibidos) ponemos el reparto inmisericorde que se hacen los diputados del remanente presupuestal anual. Hace tres años, fue de seis millones de pesos, y se fueron como carroñeros sobre este “dizque ahorro”. Otro ejemplo; no existiría la partida de “gestoría institucional”, esta clasificación presupuestal es un verdadero despropósito, es un negocio redondo, sin ningún costo político para los diputados, pero eso sí, de una gran utilidad. Este gasto, por ningún motivo se justifica; a parte de que no lo comprueban fehacientemente, pues hemos visto como los diputados compran ropa y artículos suntuarios en veterinarias y comercios inexistentes, pura comprobación falsa. ¿Y, la contraloría interna?… Bien, gracias; es chafa.

Por su parte la Controlaría Interna de la ASE, está en el mismo tenor. Su titular es nombrado por los diputados siguiendo en la selección del candidato o candidata, la misma estrategia: poner en el cargo a alguien a modo, a alguien que sirva de tapadera a la serie de irregularidades que se han dado en este órgano de control. En su escasa existencia de la ASE, nos hemos dado cuenta del quehacer de sus dos últimos titulares; quienes han dejado mucho qué desear. La ASE, que es el órgano administrativo de control y fiscalización de mayor jerarquía en toda la Administración Pública Estatal, no se ha dado así misma su categoría de autonomía e independencia para ejercer su cometido, como lo establece el marco jurídico en que se fundamenta su acción.

La ASE, ha estado sumisa a la legislatura, este órgano fiscalizador debería dar ejemplo del manejo honesto y responsable de sus recursos públicos que le presupuestan para el logro de su trabajo y, sin embargo, no es así. La percepción de la población potosina tiene una perspectiva negativa en su actuar por la serie de irregularidades que se han dado por el manejo de sus recursos financieros y humanos. Lo curioso es que, la ASE, también cuenta con una Contraloría Interna, como debe ser, pero, parece que ese órgano de control interno de la ASE es invisible; no se ve lo que está haciendo en el orden de asesoría, consultoría, supervisión, evaluación y receptora de quejas. Si cumpliera con su cometido, la Contraloría Interna de la ASE, no se darían las anomalías que hemos conocido por los medios de comunicación; como ejemplo, y no por ser de los más cuantiosos, ponemos la cena navideña que nunca se realizó y costó seiscientos mil pesos; la nómina secreta y confidencial de la que nadie ha dado una explicación y, sería innumerable la serie de anomalías que se han dado en la ASE, que por espacio, ya no podemos comentar, ¿Y, su Contraloría Interna, dónde está, qué hace?…. Es una contraloría chafa.

jojih@hotamil.com

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