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Miguel R. Valladares García

domingo 19 noviembre 2017

Democracia en quiebra

Miguel Ángel Hernández Calvillo
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La democracia enfrenta una grave crisis en la región latinoamericana y las perspectivas en el futuro cercano se aprecian complicadas. Los datos que permiten soportar una aseveración como esa se encuentran en el “Informe Latinobarómetro 2017”, realizado por la ONG con sede en Santiago de Chile y que contiene diversos indicadores para 18 países, a partir de entrevistas que miden la percepción de la población en distintos aspectos económicos, políticos y sociales. Dicho informe confirma la quiebra de un concepto y una práctica que se ha venido acentuando, en términos de una caída en la aprobación de los gobiernos de la región desde 2010, sobre todo con la crisis de los denominados “gobiernos progresistas” del cono sur del continente, tenidos como modelos alternativos al neoliberalismo depredador, aunque se presentan casos paradójicos como Venezuela y Brasil, donde la aprobación se ha incrementado o recuperado, respectivamente.

En el caso de México, como era de esperarse, se presenta la mayor pérdida o declive de la democracia -como aprobación a un régimen de gobierno- “con 10 puntos porcentuales menos que en 2016”, y no sólo se trata de una caída de gran magnitud, sino además acelerada, cuestión que contrasta con la generalidad de los casos en los que se aprecia “un proceso de lento deterioro del apoyo” que permite nombrar el fenómeno como una “democracia diabética”, como una suerte de enfermedad silenciosa, “que no es visible a simple vista, donde todo parece igual, pero que sin embargo existe y tiene consecuencias”. En cuanto al indicador de la democracia como mejor sistema de gobierno exceptuando a los demás, la denominada “democracia churchiliana”, igualmente ocurre que México se coloca en el último lugar. Por otra parte, cuando se pregunta: “¿Cómo diría Usted que es la democracia en su país?”, resulta que nuestro país no es percibido como una democracia plena o con pequeños o grandes problemas, sino que, más bien, se acerca a la percepción de que ni siquiera se puede considerar como una democracia.

En lo que se refiere al indicador de “satisfacción con la democracia” y que tiene que ver con la apreciación sobre el desempeño gubernamental, igualmente sucede que en México hay una insatisfacción considerable entre la población y, aunado esto al declive de la democracia como apoyo al régimen gobernante, “se concluye que se gobierna para los intereses de unos pocos grupos poderosos”, siendo la causa principal de esa insatisfacción la apreciación del problema como más política que económica, destacando la corrupción y la correspondiente pérdida de confianza en las instituciones gubernamentales, sobre todo “como experiencia propia y no lo que se sabe a través de terceros”. Otro indicador relativo a México, que ilustra el grado de confianza institucional, es el grado de confianza en la policía, siendo nuestro país y Paraguay los que alcanzan el menor grado.

Desagregados los datos de los indicadores por país, tenemos que en México, el problema más importante que considera la gente es la delincuencia y en tercer lugar la corrupción, lo que implica que “el grado percibido de corrupción en un país no está relacionado con el nivel de importancia de la corrupción como problema principal, los ciudadanos de los países no tienen una evaluación comparada con otros países de los fenómenos, juzgan cada fenómeno respecto de sí mismo como cada cual lo vive, por lo que en un país la corrupción puede tener una menor importancia, pero ser mucho más alta”. En suma, las democracias latinoamericanas padece un declive y el caso de México no es la excepción, considerando la gravedad de la crisis de confianza y credibilidad en las instituciones gubernamentales, señaladamente de la actual presidencia de la República con tantos agravios sociales acumulados y lejos de ser satisfechos.

Por si no bastara, en el caso mexicano una vez más asistimos, como cada fin de año, a la danza de los cuantiosos dineros que se pretenden despilfarrar en los presupuestos de egresos de los distintos niveles de gobierno para el cercano 2018, destacando la voracidad de la mayoría de los funcionarios para seguir gozando de groseros privilegios, como son los elevados sueldos, compensaciones y los famosos “moches” (que se resisten a manejar de manera directa como discrecional) que les permiten lucrar tanto económica como políticamente. No es de sorprender, entonces, que los datos consignados en el informe citado, refieran esa crisis de la democracia en los términos apuntados para buena parte de los países de la región latinoamericana, siendo el nuestro uno de los que más acusan un grave deterioro que, por supuesto, experimentamos en carne propia como de manera cotidiana. Que se gobierna para unos pocos, ni duda cabe; y tenemos, por ejemplo, dos décadas rescatando bancos quebrados. Pero la democracia en quiebra, ¿cuando la rescatamos?

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