Fundador:
Miguel R. Valladares García

viernes 14 diciembre 2018

Días de guardar

Martha Ocaña
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

No cerraba aún el 17, apenas estábamos haciendo la digestión de la navidad y ya nuestros dispositivos móviles estaban saturados de imágenes y mensajes cuyo contenido, en su mayoría, dejaba claro lo que todos estamos esperando.

Fueron días de olvidar a Trump y la recién iniciada competencia política. De olvidar el escritorio y sobre algún mueble, olvidar también el celular y sus incontrolables timbres y tonos.

Han sido días de poner la cabeza en la almohada o en el hombro de amigos o de nuestra pareja. De guardar la pluma y dejar que la vida muestre su velocidad y su ritmo.

De observar y apreciar su impredecible coreografía en una danza que nos involucra a veces deliberadamente, a veces desde la inconsciencia. Pero siempre

participando.

El descanso de diciembre es siempre oportunidad. En estos días, cerramos la puerta a un espacio en el que solemos vivir por inercia y por una indescifrable o inexplicable necesidad.

Gracias a estas pausas podemos ver y distinguir los contrastes, identificar quiénes somos y el por qué de nuestras acciones y decisiones.

Diciembre además de ser un mes que a José Alfredo le gustó “pa que te vayas”, es el invaluable momento para estar con uno mismo a través- muchas veces- de una forma de convivencia diferente a la de los demás días del año.

Estos tiempos de familia volvemos a reconocernos en el otro. Volvemos a mirarnos en los ojos de nuestros hijos y familiares. Volvemos a través del recuerdo a valorar y rediseñar nuestro futuro y a escucharnos en los sueños y deseos de otros más jóvenes o de otros más viejos, que viven la vida con una energía y una vitalidad, que hace de ellos unos héroes silenciosos y discretos.

La vida es algo infinitamente imposible de describir. Es un camino, un paso, un acervo de experiencias,

una posibilidad, una elección, una oportunidad o

un misterio.

Yo no sé cómo describirla o cuándo detenerme para intentar hacerlo. Sé que estoy en ella como un pasajero en una embarcación en la que coincido con cientos de millones de otros que al igual que yo, habitan este planeta en donde cada uno elige cómo viajar y con qué filtro mirar el mismo paisaje que con los demás compartimos.

Por ello la diversidad y su riqueza. Por ello las diferencias y las coincidencias. Por ello el rechazo o el aprecio. Por ello la guerra o La Paz.

Por ello, estos días de guardar y otorgar.

En estos momentos colmados de buenos deseos virtuales o presenciales, trillados y honestos, quiero celebrar la intención de lo que traen consigo esperando así, que trascendamos la virtualidad de nuestros gadgets y vivamos en carne y huesos todo aquello que pensamos es una utopía.

Que aprendamos y comprendamos que venimos a ser felices y no a que nos hagan felices; en la convicción de que la fuente de esa dicha está en cada uno de nosotros y que la certeza es que alcanza para todos.

Feliz dieciocho y lo que venga con él.

Minuto a minuto

Toda la sección