Fundador:
Miguel R. Valladares García

martes 17 octubre 2017

Entre Maquiavelo y Mandela

Ricardo Rocha
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Yo no sé si el presidente Enrique Peña Nieto estuvo al tanto de los 500 años de “El Príncipe” de Maquiavelo. En todo caso, no sé tampoco de ninguna celebración y si de haberla lo hubieran invitado.

Curiosa paradoja de esta vida, que coincidieran ayer los 500 años de “El Príncipe” que –fuera de los religiosos- es tal vez el libro más universal y con mayor número de ediciones en todos los idiomas. Un incalculable caudal de ejemplares impresos, que podríamos suponer en cientos de millones, en estos cinco siglos de existencia. Un libro tan actual que con toda seguridad todavía hoy se encuentra en cualquier librería lo mismo en Milán que en Nueva York, México o Tokio. Apenas un centenar de páginas tan vivas que medio milenio después, mantienen igualmente viva y presente la memoria de su autor Nicolo Maquiavelo, el florentino sobre el que no hay medias tintas.

Para unos, fue indiscutiblemente el fundador de la ciencia política moderna. Más aún, un héroe intelectual que se significó como el gran redentor de una patria soñada, al exhortar –como dice antier Jorge Islas en estas páginas- a “un Príncipe nuevo para intentar la gran tarea de emancipar a Italia (entonces fragmentada y a merced de los bárbaros) y librarla de la dominación extranjera”. Para otros, el más brutal, descarnado y cínico de los tratadistas políticos, que estableció principios tan lapidarios como deshumanizados: “el fin, justifica los medios”; “no es necesario que un príncipe posea todas las cualidades, pero es muy necesario que simule tenerlas…por ejemplo, parecer clemente, leal, humano, íntegro y devoto, pero tener el ánimo predispuesto para no serlo e incluso adoptar las actitudes contrarias”; “hacer del fingimiento un arte”; “no alejarse del bien, si puede, pero saber entrar al mal si se ve obligado; “que, en suma, el Príncipe prefiera ser temido a ser amado”.

En contraste, el mundo entero llora desde hace unos días a uno de los hombres más amados de todos los tiempos: Nelson Mandela, el primer presidente negro de Sudáfrica; cuya figura histórica es sólo comparable a Lincoln, Gandhi y Martin Luther King; el formidable luchador social, que desde su encierro de 27 años de prisión, derrotó al oprobioso régimen racista del apartheid. Inspirador de movimientos libertarios en buena parte del planeta, motivó la construcción de su leyenda a través de cientos de reportajes, documentales y hasta películas hollywoodenses de alto presupuesto. El líder indiscutible de una rebelión que costó la sangre y la muerte de miles de los suyos y a él lo llevo a casi tres décadas de cárcel. El que cambió el rumbo de la historia en el más racista de los países del planeta. El Nobel de la Paz que, sin embargo, recibió un galardón todavía mayor cuando su pueblo lo rebautizó como “Madiba” –al igual que un jefe de la tribu de los thembu en el siglo XIX, como muestra de respeto- para expresarle un cariño cálido y eterno.

Pues bien, yo no sé si el presidente Enrique Peña Nieto estuvo al tanto de los 500 años de “El Príncipe” de Maquiavelo. En todo caso, no sé tampoco de ninguna celebración y si de haberla lo hubieran invitado. Lo que sí sé es que viajó 44 horas para estar menos de 24 en Sudáfrica a fin de asistir a los funerales de Estado que, en honor a Mandela, se efectuaron en el estadio de Soweto y a los que asistieron un centenar de jefes de gobierno y representantes de alto nivel de otras tantas naciones de la tierra. Y que es probable que su asistencia haya obedecido a un rápido análisis de sus asesores sobre los beneficios políticos internos y externos de su presencia. También es probable que la decisión se haya debido a una combinación de instinto y olfato. Igualmente, es posible que obedezca a una convicción personal. Lo único indiscutible es que se decidió por el viaje aun cuando aquí se vive el momento climático del debate de la madre de todas sus reformas: la energética.

Por lo pronto, en una conferencia de prensa, Peña Nieto se comprometió a que “México habrá de honrar la memoria de Mandela, trabajando por un país más igualitario, de mayor inclusión social, de menores contrastes y que, en armonía, sepa trazarse un camino para un mayor desarrollo y progreso”. Así que, ojalá y haya sido la tercera opción.

Minuto a minuto

Toda la sección