Fundador:
Miguel R. Valladares García

miércoles 19 septiembre 2018

Falsos intermediarios

Alfonso Lastras Martínez
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Las cifras varían de acuerdo a la fuente, pero entre los siglos XV y XVIII alrededor de 50,000 personas en Europa, en su mayor parte mujeres, fueron condenadas y ejecutadas –algunas en la hoguera– acusadas de brujería. A partir del siglo XVII las ejecuciones por este motivo empezaron a disminuir hasta desaparecer en el siguiente siglo. Esto, debido a que se impuso la concepción racional del mundo a la visión mágica del mismo, que fue el sustento de los juicios en contra de la brujería.

No existe un acuerdo entre los expertos sobre las causas que llevaron a la caza de brujas en los siglos XV-XVIII, pero algunos especulan que los supuestos brujos y brujas enjuiciados fueron en realidad chivos expiatorios de las autoridades civiles y religiosas, que fueron presentados como responsables indirectos de desastres naturales y económicos. Así, se suponía que brujos y brujas obedecían a la fuerzas del demonio, verdadero culpable de las desventuras de la gente, y por tanto merecían ser castigados. De este modo, además de desembarazarse de cualquier posible responsabilidad en las catástrofes, las autoridades jugaban un papel positivo a los ojos de la población castigando a los culpables de sus desgracias.

Con relación a esta interpretación, Emily Oster de “Harvard University”, en un artículo publicado en 2004, hace notar que la caza de brujas coincidió con el periodo de enfriamiento de la tierra conocido como “Pequeña edad del hielo”, ocurrido entre los siglos XVI y XIX. Este periodo produjo inviernos fríos en Europa y una baja en la producción agrícola que trajo hambrunas e inestabilidad social.

Es quizá interesante hacer una digresión aquí para mencionar que Antonio Stradivarius fabricó sus famosos violines con árboles crecidos durante la Pequeña edad del hielo; violines que, según algunos especialistas, deben su calidad sonora precisamente a esta circunstancia.

Regresando a los desastres agrícolas producidos por el enfriamiento del planeta, podemos apuntar que, dada la concepción mágica que se tenía en esa época acerca de los fenómenos naturales, no es difícil entender que el común de la gente pudiera fácilmente haber llegado a convencerse de que estaban siendo atacados por el diablo, al igual que por las brujas, sus intermediarias en este mundo.

Si bien las brujas no juegan hoy en día el mismo papel que jugaban hace 500 años, ciertamente no han desaparecido del planeta. Así, muchos asociamos a una bruja con una vieja desdentada, vestida de negro y volando durante la noche montada en una escoba. Estereotipos aparte, sabemos que existen brujas practicantes en el mundo, si bien no con las habilidades sobrenaturales que reclaman y que les serían propias a su supuesta naturaleza.

Es posible que las brujas actuales no estén expuestas a los mismos peligros que hace algunos siglos, los cuales incluían el de ser enjuiciadas, y condenadas a morir en la hoguera. Esto, sin embargo, no significa que no corran peligro, fundamentalmente en aquellos lugares del mundo en donde la creencia en la brujería está todavía enraizada en la población. Podemos mencionar, por ejemplo, que en una plantación de té en Jalpaiguri, en el noreste de la India, cinco mujeres fueron atadas, torturadas y asesinadas en el año 2003, falsamente acusadas de haber practicado la brujería en contra de un habitante del pueblo que murió aquejado de un mal estomacal.

Por otro lado, aun despojadas de sus poderes sobrenaturales las brujas siguen teniendo efectos perniciosos. Esto, al menos, de acuerdo con Boris Gershman de la “American University” en Washington, DC, quien estudió la influencia que tiene la creencia en la brujería en 19 países africanos al sur del Sahara, en los que la creencia en la brujería está extendida. Según los resultados de su estudio, publicados en el número de mayo pasado de la revista “Journal of Development Economics”, Gershman documenta con datos sólidos y confirma lo que otros investigadores habían planteado: que la creencia en la brujería tiene un efecto social negativo que constituye un freno para el progreso económico al aumentar la desconfianza entre la población e impactar negativamente las actitudes de cooperación y camaradería.

En contraste con la brujería, Gershman no encuentra un impacto social equivalente en otras creencias sobrenaturales entre las que se encuentran el infierno, la reencarnación, los milagros y los espíritus malignos. La brujería pareciera de este modo estar sola como creencia en lo sobrenatural que promueve actitudes antisociales.

La concepción mágica de las fuerzas que mueven al mundo fue un elemento esencial para que se diera la caza de brujas en la Europa de los siglos XV-XVIII. Esta concepción admitía la posibilidad de que un determinado fenómeno natural –la enfermedad de una persona, por ejemplo– fuera causado por una fuerza sobrenatural –el diablo a través de un habitante de este mundo–. Hoy sabemos –o al menos no tenemos prueba de lo contrario– que esto no es así y de que todos los fenómenos que podemos observar tienen una causa natural. Y que aun la creencia en las brujas –que sobrevive entre nosotros de manera persistente– podría tener una explicación racional.

Minuto a minuto

Toda la sección