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lunes 12 noviembre 2018

Guadalupe y libertad

Alejandra Santos A. de Lozano
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Para muchos mexicanos hoy 12 de diciembre es un día de fiesta, en el cual los ritos de agradecimiento, conmemoración y devoción se destacan, ya que celebramos a la patrona de México: La Virgen de Guadalupe.

Podría parecer, es decir en sentido estricto lo es, que estamos ante un festejo eminentemente religioso, sin embargo esta imagen ha significado mucho más para este pueblo que la mera devoción a una de las representaciones – la propia- de la madre de Dios.

Según datos de Wikipedia, el Nican Mopohua es un texto escrito en 1649 que trata sobre las apariciones de la Virgen María al indígena mexicano Juan Diego Cuauhtlatoatzin en 1531. La Iglesia católica aceptó dichas manifestaciones como milagrosas y aceptó el culto a la Virgen de Guadalupe dándole varios títulos a lo largo de los años; en 1737 se le nombró “Patrona de la Ciudad de México”, “Patrona de México” en 1895, “Patrona de América Latina” en 1945, “Patrona de los estudiantes del Perú” en 1951 y el último dado por el Papa Juan Pablo II “Reina de México y Emperatriz de América” en el año 2000.

La Virgen de Guadalupe, como le mencionaba, además ha tenido un papel muy importante en otros ámbitos, en cuestiones políticas para ser más específica. La imagen de la madre de Dios mexicana fue el primer símbolo que utilizaron como estandarte para la lucha de independencia. Miguel Hidalgo cuando iba camino de Dolores a San Miguel de Allende, en el comienzo de esta lucha, se detuvo en la iglesia de Atotonilco a orar mientras lo esperaban sus seguidores. Cuando salió empuñó la imagen de la morena del Tepeyac, consiguiendo con esto la unión de criollos y mestizos, de indígenas y esclavos, de pudientes y desposeídos, de blancos y nativos. Este emblema fue capaz de concebir los primeros pensamientos de nacionalismo y unidad en una tierra en donde los derechos estaban determinados según el origen y las condiciones de nacimiento de sus pobladores, y probablemente por primera vez algunos consideraron la posibilidad de, sino la igualdad, sí de una relativa equidad. Manuel Félix Fernández cambió su nombre por el de Guadalupe Victoria en agradecimiento a la Virgen después de que salió triunfante de una batalla; Vicente Guerrero depositó en el altar de la Virgen las banderas y los trofeos obtenidos en una de sus batallas; los presidentes Juan Álvarez e Ignacio Comonfort hicieron sendas peregrinaciones para adorar a Santa María de Guadalupe; Benito Juárez expide, por motivos más políticos que religiosos, el 11 de agosto de 1859 el decreto por el cual declara día festivo el 12 de diciembre en honor de la Guadalupana, y Sebastián Lerdo de Tejada, Ministro de Justicia, Relaciones y Gobernación, declara ese día como “intocable”.

Existen muchas opiniones acerca de la veracidad del milagro que constituye la aparición de la Virgen de Guadalupe, usted mismo tendrá su versión. Inclusive en la misma Iglesia católica hay diferendos entre si en realidad sucedió la historia del Tepeyac, si Juan Diego decía la verdad, si en realidad lo dijo, si el mismo indígena es un personaje real, etc. Asimismo el ayate ha sido motivo de múltiples estudios y análisis de los cuales han resultado las más distintas conclusiones. Creencias aparte, la imagen de la Virgen de Guadalupe contribuyó a que, en el momento en el que más se necesitaba, los pobladores de estas tierras se identificaran para buscar el máximo ideal de los hombres: la libertad.

Guadalupe indudablemente contribuyó a construir la nación, pero además se necesitaron hombres y mujeres valientes que creyeran y quisieran construir, aún sin conocerla, una patria. Qué diferentes momentos vivimos ahora, cuando en efecto podemos congratularnos de tener libertad y, por si fuera poco, de gozar de un sistema democrático con leyes universales, sin embargo los problemas en este país, usted lo sabe, son muchos y muy diversos, y no se vislumbra para la mayoría de ellos una solución pronta y eficaz. Parecería que los mexicanos modernos estamos hechos de distinto material, de uno más frágil, ya que no hemos podido encontrar un estandarte, un símbolo que nos haga reaccionar ante las injusticias, ante los malos gobiernos o los abusos, y sobretodo unirnos para combatirlos. Nuestro concepto de democracia se encuentra en un plano limitado, ya que con el voto terminamos con nuestra participación en asuntos públicos ¿En dónde está la sociedad? ¿Por qué no somos capaces de hacer que nuestra voz se oiga? ¿Por qué nuestras demandas no pasan de ser quejas aisladas? ¿En dónde está la unión que tendría que hacer la fuerza? Desafortunadamente en la mayoría de los casos está escondida por la apatía, la comodidad, el miedo o, en el peor de los casos, la conveniencia.

La Basílica de Guadalupe es el segundo santuario cristiano más visitado en el mundo, solamente después de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, contando entre sus visitantes a más de 14 millones de personas, principalmente mexicanos que viajan desde todas partes del país en diversas peregrinaciones durante todo el año. Lo cierto es que la Virgen de Guadalupe ha servido de inspiración y de consuelo para muchos mexicanos; a mi en lo particular la historia que más me gusta atribuirle a la madre de Dios mexicana es ésta que le cuento, cuando extendió todo su poder para que este lugar, México, fuera uno mejor para vivir. Que Dios bendiga a Guadalupe, patrona de México, y a su pueblo.

alesantos@prodigy.net.mx

@ale_santosa

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