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Miguel R. Valladares García

domingo 16 diciembre 2018

Inseguridad Presidencial

Francisco Salazar Soni
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“La única certeza inmutable es

que nada es inmutable o seguro”.

John F. Kennedy.

Cómo un acto cívico ciudadano y republicano seguí con atención la toma de protesta del Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, y más allá de comentar respecto a su discurso político antineoliberal, eso se los dejo a los que le entienden, continúa entre mis preocupaciones estrictamente profesionales, su seguridad personal.

Observe sus recorridos vía terrestre, sus relaciones estrechas con la gente, las personas con él en el templete del Zócalo, sus salutaciones, etc. En el Congreso de la Unión estaba seguro, con la simple llegada de la delegación norteamericana y el despliegue del servicio secreto era más que suficiente, pero una vez afuera, se convirtió en un blanco relativamente vulnerable, existen muchos puntos ciegos.

En julio pasado escribía en este mismo espacio respecto a la seguridad del entonces Presidente electo, señalaba: “Dos cosas me inquietan: La seguridad del virtual candidato electo a la Presidencia de la Republica y los trabajos del gabinete de seguridad a partir de aquí hasta el uno de diciembre. Permítanme comentar respecto del primer punto. Al ver por televisión las muestras de afecto y cariño del pueblo hacia López Obrador y de cómo se cierra y entrampa el primer círculo con la gente y con los medios de comunicación sin protección personal alguna, me hace pensar lo peor. La seguridad total no existe, pero desde los tiempos de Abraham Lincoln que formó para su propia protección el Servicio Secreto, inteligente como era sabía que había ganado la Presidencia y la guerra, y que lucho contra el abolicionismo lo que le genero hartos enemigos. El Servicio Secreto fue creado el 14 de abril de 1865, lo insólito es que ese mismo día el Presidente Lincoln asiste a una obra de teatro, donde un actor se le aproximo por la espalda y le disparó en la cabeza, huyendo y gritando ¡sic semper tyrannis!, convirtiéndose así en ser el primer Presidente de los Estados Unidos en ser asesinado.

Loquitos siempre van a existir, iluminados, personitas que creen que tienen un aura atractiva de salvación, curados de amor propio y megalómanos compulsivos, que a través de la historia han asesinado a príncipes, reyes, emperadores, artistas, filósofos, escritores, etc., éstos, los que actúan solos son los más peligrosos, aunque también existen las conspiraciones bien fabricadas en una red de maldad de sujetos dispuestos a mantener las cosas como están y que responden a interés muy particulares por encima de los interés de un pueblo. Complejo definir las emociones humanas en un magnicidio, pero ahí están”.

El propio discurso en su toma de protesta, es de un giro de 360º respecto a lo que se venía entendiendo como políticamente correcto en una Presidencia de la República. Es una Cuarta Transformación así lo advierten, por lo tanto, quedaron, están quedando y quedarán muchos abatidos o venidos a menos. El molde con que se venía desempeñando la administración federal se rompió y se romperá más, tanto en lo burocrático como en lo concerniente a temas de seguridad pública y nacional. El fanatismo mexicano es complejo, tan siquiera pensar que otro sea desigual o piense diferente bloquea instantáneamente la capacidad de cualquier autocritica, los matices de discrepancia en política no tienen cabida. ¡Pobre México, se lo va a llevar la chingada, ergo entonces me convierto en un redentor!

Se está a tiempo aún de redefinir el concepto de protección del Presidente de la República y de su familia, así como de su Gabinete Legal, no basta la protección únicamente a los que van a afrontar a temas de inseguridad, es forzoso una seguridad integral de los hombres y mujeres del Presidente. El pueblo no lo puede cuidar, tiene muchas querencias y pasiones, pero no son depositarios ni representantes del Estado, por más democrático que este sea y entre ese pueblo pululan fanáticos (as).

TAPANCO: Propongo, un equipo de Elite de la Marina o “Deltas” de la aún Policía Federal, con una nueva mística de protección, una Unidad aérea exprofeso para el Ejecutivo, una Unida terrestre con vehículos altamente equipados, una Unidad de avanzada (civiles entrenados para ello). Hoy, no tiene una protección profesional el Ejecutivo Federal, en su seguridad no se debe improvisar, y si le súmanos los accidentes y fallas propias de los traslados, el tema no es “peccata minuta”.

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