Fundador:
Miguel R. Valladares García

martes 17 julio 2018

Instante

Martha Ocaña
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Los que siguen los trenes en los que viajan

muchachas muy enfermas con los ojos llorosos

Los que se acuerdan de la tierra perdida,

despertados por las sirenas de los barcos

Los que encuentran la infancia distante en un niño que juega

Estos entenderán la desesperación de mi despedida

Porque este amor que va a viajar a la última

estación de la memoria

Fue la infancia distante, fue la patria perdida

y la muchacha que no vuelve.

Augusto Frederico Schmidt

Entre el domingo y el lunes vivimos una experiencia que en un instante cualquiera, materializó una realidad. En ese momento muchos despidieron la vida como la conocían o como la imaginaron después de las elecciones. Para muchos una tragedia, para muchos más, el paraíso que imaginaron.

La vida se compone de instantes que forman momentos, períodos, épocas y eras. El hombre a través del tiempo se ha ido adaptando y en ese acomodo ha ido evolucionando a nuevas formas de vida. Los ajustes exigidos ante nuevas condiciones no siempre conllevan la misma facilidad o dificultad. Hay muchos que no alcanzamos advertir mientras que otros implican una rápida modificación de costumbres y hábitos de vida.

Quizá la memoria, esa capacidad humana que nos permite almacenar toda una vida en la mente, a veces juega en nuestra contra impidiendo que fluyamos con las nuevas circunstancias o con eventualidades que esporádicamente todos experimentamos. La memoria nos tiende trampas; nos hace creer que todo tiempo pasado fue mejor y elimina de su campo y de su espectro el sufrimiento de otra época, que tendemos a idealizar.

De esta forma hubo quienes a pesar de odiar al partido en el poder preferían que permaneciera con tal de no sufrir todo lo que los profetas del moreno apocalipsis, parecía traer consigo. Otros divagaron entre uno y otro partido, sin opción definida, como naufrago a la deriva que no sabe si acercarse a cualquier cosa que le permitiera mantenerse a flote aún en condiciones de verdadera precariedad o riesgo.

Entre más de dos polos estuvimos muchos mexicanos ese domingo soleado en donde las anomalías fueron parte del movimiento social que se suscito alrededor de los candidatos en escena. Muchos además de votar y adentrarse a las arenas movedizas de las casillas electorales, participaron en quinielas y diversidad de apuestas por los posibles ganadores. Más a pesar de ello, se respiraba un aire que nos llevaba a pensar que nuestro voto podría cambiar el rumbo que el país estaba tomando ya hace más de un sexenio.

Hoy, a más de una semana, si bien no tenemos la zozobra por conocer quién es el ganador, aún tenemos cierta incertidumbre que habrá de irse disipando conforme se acerque la toma de posesión y empecemos a ver si la cosa iba en serio o si habríamos de haber escuchado a aquellos jinetes que anunciaban si no el fin del mundo, si el tiro de gracia para un país que viene agonizando ya desde hace mucho tiempo.

Yo como lo he dicho, procuro no aventurarme a pensar en un desastroso futuro político. Quizá con cierto grado de responsabilidad pero también para evitar enrarecer mis pensamientos y mi tranquilidad.

Dejar los instantes que ya no volverán y pensar en un México distinto me parece saludable. Además, en San Luis tenemos motivos de peso para pensar que al menos aquí, puede empezar a mejorar este país y a despedir lo que nos pareció una pesadilla de aproximadamente tres años.

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