Fundador:
Miguel R. Valladares García

viernes 15 diciembre 2017

Llueve sobre mojado

Alexandro Roque
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Pasó Franklin, qué rara belleza… peligrosa, como toda belleza. La lluvia es necesaria en todos los sentidos. Calma el calentamiento (global), hace crecer frutos y flores, y a los melancólicos nos justifica la mirada y el aislamiento. Hasta en la política: sirve para justificar ineptitudes y corrupción como en el Paso Exprés o en los baches de muchas (cof) ciudades (cof, cof). De huracán a depresión tropical, Frankin dejó floreceres o daños y en algunas partes siguen los chipi-chipis, los vendavales o los ríos crecidos.

“Y, al final, sale un sol, incapaz de curar las heridas de la ciudad”, canta Joaquín Sabina. Sí, llueve sobre mojado… algunos seguimos en depresión no tan tropical y los cielos (mentales, particulares) se vuelven a teñir de negro.

En el campo surgen los efluvios a tierra mojada, maderas y hojas maceradas. Los zapatos se niegan a avanzar con su doble suela de lodo. “Pisa por donde pisan los burros”, aconsejan los viejos. “Ellos sí saben por dónde avanzar”. Ojalá que llueva café, caramba.

Uno de los riesgos menores de la lluvia es no quitar a tiempo la ropa el tendedero, pero dos damnificados hubo esta semana no por lluvia sino por supuesto lavado de dinero. Rafa Marquez y Julión Álvarez, ambos con fama, ambos amigos de famosos y poderosos, ambos estrellas del canal de las ídem. El futbolista y el cantante grupero (¿así se dice todavía?) misógino —“si una mujer no sabe trapear no me sirve”, dijo hace tiempo el “terrenal” cantante— fueron acusados por la Tesorería de Estados Unidos de limpiar dinero de nada dudosa procedencia. Ambos se deslindaron en los medios pero se supone que una acusación de ese calibre no es a la ligera. Presidencia de la República se apresuró a bajar de las redes fotos y videos de Peña Nieto con los hoy presuntos, ayer “ejemplos para la juventud”. A ver qué pasa, por lo pronto por lavar ¿con agua fría? les congelaron sus cuentas. El camión ya pasó por el charco y los empapó, quién sabe si se puedan secar.

Ojalá después de la tormenta no venga la calma: si Rafa y Julión están supuestamente involucrados, ¿cuántos políticos no estarán hasta el cuello en el asunto?

Y, ¡ay!, hay noticias que caen como baldes de agua. O chaparrón, de plano. Eduardo del Río, mejor conocido como Rius, falleció el pasado 8 de agosto, heredero de Posada. Como hijo de monero, lo seguí siempre, y como crítico de un sistema que ya no da para más, pues más. Con muros, pasquines y panfletos como armas, el humor ha sido contrapeso o al menos desquite ante las barbaridades del Estado, gracias a artistas que ase apropian de las calles, y eso era Rius, un satirizador profesional. Ante los abusos ideológicos, comerciales y políticos, denunciaba, se burlaba y, muy importante, proponía opciones.

Como representante del género que Alberto Chimal llamó en estos días “ensayo gráfico”, Eduardo del Río fue único. Monero, sí, historietista, también. Lo suyo no era narrativa, aunque tuvo historias donde los apuros de Calzontzin o Calzonzin (el pueblo rural, de manta así sea eléctrica) o de Nopalzin (el pueblo urbano, de tenis y playera a rayas) ante las tropelías de políticos, persignados y burgueses llegaban a un muy cómico suspense. Explicaba con humor, hacía pensar. Desde la revista Política condensó en cartones el hastío popular de tantas veces que nos han querido dar “atole con el dedo”, de las complicidades “hasta la ignominia”, del dedazo y el desaseo. Por algo Rius se ganó el título de Chamuco Mayor en este, parafraseando a Italo Calvino, infierno político que habitamos todos los días.

Creo que el primer libro que compré con dinero propio, producto de la venta de una de mis pinturas, fue No consulte a su médico, y poco después Manual del perfecto ateo. Ya había leído en la biblioteca familiar La panza es primero y Cristo de carne y hueso, además de muchos números de Los agachados y Los supermachos. Como miles de mexicanos, lo acompañé en su ilusión socialista y en la posterior decepción; como miles, casi me hice ateo y vegetariano con sus monos y explicaciones la mar de sencillos.

Si bien la versión cinematográfica de Los Supermachos no le gustó mucho a Rius, sobre todo por el happy end, hay en Calzonzin Inspector (1974), la película de Alfonso Arau, caracterizaciones y escenas memorables, como la visita a las supuestas obras públicas (cof) o el baile de Calzonzin con doña Emerenciana.

A propósito de la muerte de Rius cierto académico dijo que Marx para principiantes es una mera simplificación de manuales rusos, que “pobres” de quienes se quedaron en los “libritos” del monero morelense. La “superioridad moral” de ese sujeto y de tantos otros no les deja ver que Rius no quiso crear teoría, pero fue un divulgador de los que tanta falta hacen, crítico y cuestionador.

Cada “chiste” de Rius hacía pensar. Quería sacudir mentes y mentalidades y en muchos casos lo logró. Y se agradece. Porque contar chistes es cosa seria. Hay quien quiere hacerse el gracioso (oral o por escrito) y se le hacen bolas las palabras, la mímica, la narrativa. Usar recursos humorísticos no nos convierte en payasos. Y No siempre se tiene el feeling, el timing. Samuel Hernández comenta que “Freud en El Chiste y su relación con el inconsciente nos habla de la función que cubre el chiste: revelar una verdad, un secreto […] es en el chiste, en el witz freudiano, donde se posibilita un placer inesperado, logrando con ello liberar y producir más placer”.

También recientemente, otra playa se ensombreció. El 29 de julio falleció Ángel Mora, quien desde 1959 creó Chanoc, aventuras de mar y selva, una historia de un héroe muy a la mexicana, sobre las ideas de Martín de Lucenay y Pedro Zapiáin. La pareja dispareja: un joven atlético honesto y su padrino borrachín y tramposo, en una playa “casi virgen”, donde hasta caníbales “prehistóricos” había. Hasta Carlos Monsiváis o el Brody Jorge Campos salieron en la historieta. En el cine los hermanos Germán y Manuel Loco Valdez se hicieron cargo de personificar a Tsekub, mientras Chanoc fue interpretado por Andrés García, Gregorio Casal y Humberto Gurza.

Desde Ixtac y San Garabato de las Tunas, Cucuchán, son muchos los nombres que llegaron para quedarse en la memoria: desde la playa, Chanoc, Tsekub Baloyán, Patalarga, Anclitas, Sobuka, Puk y Suk, el profesor Nimbus o el robot Sócrates; desde el pueblito que tanto nos representa, Calzonzin, Reuter Nopalzin, el cacique Perpetuo del Rosal, Emerenciana Bigotona, Chon Prieto…

Posdata: Después de la tormenta viene la cama. Soñé que me despertabas.

Web1: http://alexandroroque.blogspot.mx

Web2: http://tintubresderoque.blogspot.mx

Twitter: @corazontodito

Minuto a minuto

Toda la sección