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Miguel R. Valladares García

miércoles 21 febrero 2018

Los ilusionistas 2018

Alexandro Roque
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Magia y memoria son por igual componentes del pensamiento, de ese reconocer y reconocerse en el mundo. Magia entendida como la definía Borges: “la coronación o pesadilla de lo causal, no su contradicción”. Aprender de memoria hoy está en desuso, porque nos confiamos a la magia de nuestros dispositivos o porque se considera un conocimiento innecesario. Búscalo en Wikipedia, dicen unos; mejor ve un tutorial en YouTube, contestan otros. Ese alejarse de la memoria y centrarse en las impresiones del día resulta conveniente para ciertos usos, los políticos entre ellos. Son tiempos en que comer tortas “a mano limpia”, llevar al hijo al colegio o ir a “hacer el súper” hacen a un político una persona especial. ¿Y qué es especial en estos tiempos? Del pueblo, como nosotros. O así nos lo quieren hacer creer.

Con gacetillas, con asesores del extranjero, con cambios de color y distracciones, con ases en la manga (y con la mano escondida tras tirar la piedra), nos quieren vender una nueva versión de Los ilusionistas, aquella película de 2013 en la que cuatro magos se unen para hacer trucos a gran escala, espectaculares. La diferencia es que a los actuales protagonistas no les importa a quién le hacen sus trucos, igualito al proceder de sus similares de barrio, los de ¿dónde quedó la bolita? Trabajan en equipo, fingen, distraen. La casa nunca pierde. “Nada es lo que parece”, era el eslogan con que anunciaban aquella película. Y añadían:

“Acérquense. Más. Porque cuanto más crean que ven, más fácil será el engaño. Porque ¿qué es ver? Uno mira, pero lo que realmente hace es filtrar, interpretar, buscar significado. ¿Mi trabajo? Atraer el más preciado de los regalos que me hacen: su atención. Y utilizarla en su contra…”

Ni abracadabra ni varita. Cualquier foto o video de algún político (o su asesor, o su esposa, el que convenga), “como por casualidad” o editados “al ahí se va”, son reproducidos por los afectos u opositores al interfecto y coreados por seguidores reales o tecnológicos. Busco en las noticias. ¿Alguien ha visto una propuesta? De veras, de quien sea, si la encuentran me avisan por favor. Cantaletas, acusaciones, los ataques más burdos. La palabra como medio mágico para “hechizar”, “embrujar”, inmovilizar o resucitar muertos.

Me siento como Winston, el personaje de Orwell en 1984, cuando habla de las telepantallas del Gran hermano, que llegaban “casi a convencerle que era noche cuando en realidad era pleno día. Después, el Partido anunciaría que dos y dos son cinco y no quedaría más remedio que aceptarlo. Inevitablemente llegaría a pensar algún día que dos y dos suman cinco…”

Sí, es pegajosa la canción de Movimiento Naranja. Sí, el niño es bien simpático. Actores de televisión y otros “personajes” son candidateados en todos los partidos. ¿Y? La distracción también es esencial a la ilusión. La mano es más rápida que la vista. Salen y salen motivos para encarcelar a políticos (al menos para que los partidos les nieguen candidaturas, o para que les neguemos el voto y los repudiemos de plano) de todos los calibres y colores y no pasa nada. Como el equipo de campaña de Mid, hasta se enojan y amenazan con demandar por “injuria gratuita” a quienes les saquen sus trapitos al sol por “superar con mucho el derecho a la libertad de expresión”.

Pero sí, es cierto: en muchos casos las pruebas de lo que está mal, de sus trácalas, son de hace seis, doce años. Salen cuando ya les urge cambiar de mago, o el conejo tras tanto chistecito se niega a salir de la chistera. Como en Los ilusionistas, hay quienes saben que un buen truco a veces lleva años. Una posibilidad, si no estamos atentos a los movimientos de los ilusionistas, es que dentro de 20 años nos digan —nos confirmen pues, por medio de una “filtración” videograbada, una comisión del pasado o en las memorias seniles de alguno de los protagonistas— que este 2018 hubo fraude, o que sí se amenazó a obreros y a muchas personas con despidos, excomuniones o pobreza extrema.

Tal vez al final del sexenio de Peña sepamos de otras casas blancas, que sus parientes se enriquecieron, o que toda la elección fue negociada con casi todos los bandos. Lo intuimos pero no lo sabemos de cierto. Nos repiten, como el Gran Hermano, que las instituciones, garantes de nuestra democracia, lo harán saber en el tiempo adecuado y, obviamente, lo desmentirán. En todos los programas de televisión, informativos, de entretenimiento o de chismes de la farándula, se encargarán de que recuperemos la sonrisa y que no desconfiemos de quienes han recibido una iluminación más allá de la mentalidad promedio. Si no encuentran quien nos diga que estamos equivocados, ellos lo inventarán.

“En este pueblo no debe pasar nada, disfruten la magia. Debemos esperar”, piden. Y nos repiten en televisión programas de chistes y de concursos más añejos (e insípidos e incorrectos) que un mal brandy.

“Los motes y los insultos son el meollo de toda elección. Ya ni nos acordaremos de esto cuando surja otro escándalo, otra frustración. Ocupémonos en enojarnos con la farándula, sean cocineros, actrices o parejas que exigen pensión o pruebas de paternidad. Quizá algunas actas de la elección fueron truqueadas como muchas fotos, pero las instituciones deben prevalecer. Unos cuantos votos de más no son importantes, ni la opinión de nadie afecta a los demás, al menos no significativamente. Ni siquiera tras una árdua investigación se puede probar que los llamados líderes de opinión lo sean. Total: si lo dice el Gran Hermano, dos más dos son cinco”.

(Por si acaso aclaro, ante lecturas fuera de contexto, que los dos párrafos anteriores eran irónicos. Referencia a 1984 y lo ahí retratado.)

Pero ya en serio, de desenmascarar a los ilusionistas 2018 depende que no vivamos otros seis años desilusionados.

Posdata: quedan solo ocho ejemplares impresos de mi poemario Óbolo para Caronte (aunque también pueden optar por la versión electrónica en pdf). Queda reiterada la invitación para que se comuniquen al correo que figura al calce de esta columna, y eviten así la extinción de un escritor endémico de San Luis Potosí.

Correo: debajodelagua@gmail.com

Web: http://alexandroroque.blogspot.mx

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