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Miguel R. Valladares García

Lunes 27 marzo 2017

Mirador

Armando Fuentes Aguirre

Aquel demonio echaba espuma por la boca.

Torcía los ojos y lanzaba horribles miradas que ponían terror en quienes lo veían.

Mostraba los colmillos, como fiera, y luego se mordía con ellos lengua y labios hasta hacerse sangre.

Arqueaba el cuerpo; daba manotazos y patadas. Los pelos se le erizaban en la nuca igual que los de un animal enfurecido.

Lanzaba tremendos ululatos y profería blasfemias y maldiciones que espantaban a quienes las oían.

Pasó un caminante y vio al demonio que se contorsionaba y se retorcía en el suelo.

Preguntó, temeroso:

-¿Qué le pasa?

Le dijeron:

-No te acerques. Está poseído por el hombre.

¡Hasta mañana!…

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