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Miguel R. Valladares García

viernes 24 noviembre 2017

Mirador

Armando Fuentes Aguirre
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San Virila no pudo menos que sentir un asomo de envidia cuando el padre portero dijo en el refectorio que se le había aparecido Nuestro Señor.

Igual sentimiento experimentó cuando el padre hortelano contó que a él se le había aparecido Nuestra Señora.

Luego el padre portero declaró que se le habían aparecido los tres Reyes Magos.

Por su parte el padre hortelano manifestó que a él se le habían aparecido los cuatro evangelistas.

No cedió el padre portero: narró que se le habían aparecido los 12 apóstoles.

El padre hortelano creyó poner fin a la cuestión cuando informó que a él se le habían aparecido las 11 mil vírgenes.

Entonces San Virila se les apareció a los dos, y a cada uno le propinó un santo sopapo. Ese mismo día cesaron las apariciones, y acabaron los escándalos que con ellas habían venido. Y es que un sopapo bien dado produce a veces más efectos que un sermón bien pronunciado.

¡Hasta mañana!…

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