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Miguel R. Valladares García

martes 23 octubre 2018

Mirador

Armando Fuentes Aguirre
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Iba la lechera con su cántaro al mercado.

Pensaba que con el dinero que obtendría con la venta de la leche se compraría unas gallinas que le darían pollos; vendería los pollos y compraría una vaca que le daría terneros; vendería los terneros y se compraría una casa, y ya dueña de su casa no le sería difícil encontrar marido.

El fabulista supo lo que pensaba la lechera y deseó en su interior que el cántaro se le cayera. Se rompería, claro, y se romperían también sus sueños. De eso él podría sacar una moraleja.

El deseo del fabulista se cumplió: el cántaro se le cayó a la lechera. Pero sucedió algo extraordinario: el cántaro no se quebró. Salió botando como pelota, le cayó sobre la cabeza al fabulista y lo descalabró.

Le preguntaban luego al hombre:

-¿Qué moraleja sacaste de lo que te sucedió?

Respondía, mohíno, el fabulista:

-Las moralejas no se sacan de lo que te sucede a ti, sino de lo que les pasa a los demás.

¡Hasta mañana!…

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