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Miguel R. Valladares García

domingo 18 noviembre 2018

Otra política

Marco Iván Vargas Cuéllar
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Con la instalación de la LXII Legislatura del Congreso del Estado de San Luis Potosí, se transita de un complejo episodio de la vida política en nuestra entidad, hacia la construcción de un guión que escribimos todos: El Estado posible, el Estado necesario, el Estado que no ha llegado, el Estado que se nos va.

No es propósito de este texto hacer una mirada retrospectiva hacia los distintos episodios que marcaron, para bien o para mal, la memoria que conservaremos de la Legislatura saliente.

Quisiera partir más bien de las expectativas, problemas, necesidades o demandas que se espera que la rama legislativa de nuestro gobierno pueda atender y resolver a través de su actuación. Cuando votamos, lo hacemos porque esperamos un efecto político de nuestra decisión.

El contexto que presenta la nueva conformación del Congreso local ofrece posibilidades distintas: hay una integración paritaria, hay otra composición partidista, hay gobierno dividido, hay una mayoría que sabía ser oposición, hay nuevas caras, también hay viejos nombres.

Considero válido esperar que este nuevo contexto nos ofrezca otra forma de legislar y hacer política. No solo por la sustitución de la gran mayoría de quienes integran a la Legislatura, sino porque partirán de un enorme hándicap que es ventaja y desventaja a la vez: ser diferentes a sus antecesores.

La oportunidad para marcar esta diferencia se encuentra en la definición de la agenda legislativa y en la construcción de la voluntad política para impulsarla y lograr su implementación administrativa.

¿Cuál es la agenda que presenta cada diputada y diputado frente a sus distritos y frente al Estado?

¿Hay relación entre los llamados compromisos de campaña, la plataforma electoral de los partidos que les postularon y la agenda de los grupos parlamentarios?

¿Cómo va a incidir el marco reformador del Congreso de la Unión en el trabajo legislativo local? ¿tendremos leyes armonizadas o leyes de vanguardia?

¿Con qué garantías contaremos para saber que la legislación se traduce en una realidad material allá afuera?.

Harold Laswell escribió (hace unos 70 años) sobre la conveniencia de establecer un modelo de gobierno basado en el conocimiento y la razón.

Un gobierno que diseña políticas basadas en un conocimiento objetivo de la realidad, construyendo interpretaciones multidisciplinarias sobre la forma de concebir a los problemas públicos y proponiendo soluciones basadas en la experiencia y la razón científica.

Para que esta innovadora y septuagenaria idea de gobernar habite en nuestro Estado se requiere de un oficio político distinto. Una legislatura que escucha y dialoga con quienes hacen mediciones y diagnósticos, con quienes tienen propuestas de mejora, con quienes entienden los éxitos y fracasos de las políticas gubernamentales porque las han evaluado y han medido sus resultados e impactos.

Una legislatura que entiende al poder ejecutivo como la fuerza administrativa que materializa las decisiones políticas, y que mira la sociedad como la ilustradora del proceso político. Pensar a nuestro Congreso de manera distinta es establecer otro tipo de relación entre representantes y representados. Hablando de democracia, la horizontalidad es una buena idea.

La ruina de lo político no reside en el escándalo, sino en su ausencia de contenido. Habrá quien de forma legítima se interese en los vituperios, los sombrerazos y los cacahuates. Lo que no podemos admitir es acostumbrarnos a ello. La democracia también es exigencia.

@marcoivanvargas

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