Fundador:
Miguel R. Valladares García

lunes 24 septiembre 2018

País en ascuas

Alfredo Lujambio R.
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“Ascua”, según el diccionario, puede ser un pedazo de carbón o leña que se encuentra prendido y está caliente, pero no produce flama. De ahí tenemos que “estar en ascuas” se refiere a un estado de expectación mientras esperamos una respuesta o un desenlace sobre algo que nos mantiene intranquilos, como sería la incomodidad de estar cerca de brasas o carbones prendidos.

“Estar en ascuas”, una frase que se les oía decir a las abuelas y ha caído un poco en desuso, pero que describe bien un estado de intranquilidad y cierta preocupación de muchos millones de mexicanos durante estos 5 largos meses que tenemos que esperar después de la elección, para empezar a conocer el resultado de las acciones y decisiones que tomará el próximo presidente de la república, López Obrador, a partir del 1º de diciembre.

Nos preocupa, en efecto, porque su propio partido contará con una mayoría aplastante en las dos Cámaras, que le dará un poder casi total, sin contrapesos reales y bajo su control unipersonal, que facilitaría la arbitrariedad y el abuso de poder.

Pero, seamos optimistas y pensemos que AMLO será respetuoso de los valores de la democracia, solo que con el triunfo electoral aplastante que obtuvo, puede caer en la tentación de no acatar las libertades políticas y de expresión que tantos años de luchas le significó a los mexicanos.

En lo particular, confieso que tengo serias sospechas, -ojalá me equivoque-, sobre el espíritu autoritario que anima a AMLO y que lo pudiera llevar a la tentación de recortar o limitar las libertades de los ciudadanos de este país y el respeto a los Derechos Humanos, o que caiga en la ofuscación de querer retener el poder más allá de su sexenio, invocando “lo que el pueblo diga” no la Ley, “porque el pueblo es el que manda y el pueblo no se equivoca”. Ojalá que los aduladores y cierta fauna nociva que lo acompaña, no le inflen su ego y lo hagan creer que el país lo requiere más de 6 años para poder alcanzar sus metas.

También causa intranquilidad porque en los dos meses que lleva como presidente electo, ya empezó a evidenciar incongruencias entre lo que dice y lo que hace, entre lo que promete y la capacidad económica del erario público para cumplir.

Enarbola la bandera del combate a la corrupción pero replica las peores prácticas priistas, al permitir que los flamantes senadores de Morena, incurran en una de las más deleznables trapacerías que acostumbraba el PRI en sus tiempos de partido único, que es la de traficar con la ilegalidad, como en el ejemplo reciente de cambiar en solo dos horas su voto de negativo a positivo, bajo las órdenes del impresentable Ricardo Monreal, para autorizar a otro rapáz, el gobernador con licencia de Chiapas, Manuel Velasco, a ser suplente de sí mismo y regresar al cargo, pactando con su partido, el verde, el traspaso de cinco de sus diputados a las filas de Morena y así alcanzar la mayoría absoluta en el senado.

Anuncia un gobierno austero, pero proyecta mover las secretarías de estado a distintos estados de la república, a un costo inmenso estimado en 160 MIL millones de pesos, que resultarían echados a la basura, porque la verdadera descentralización no es eso, sino transferir más facultades fiscales y soberanía efectiva a los estados y municipios de todo el país, para que sean sus ciudadanos quienes verdaderamente ejerzan el poder vigilando el buen uso de sus tributos por parte de los funcionarios locales.

Esto sí detonaría un crecimiento más equilibrado y justo de todos los estados del país. La pesada burocracia federal actual es un terrible lastre, ya sea en el centro o en los estados de la república. Lo que urge, es adelgazar a los gobiernos para hacerlos mas eficaces y capaces, no cambiarlos de residencia.

Dice que combatirá y acabará con la corrupción, pero incorpora en sus filas a personajes tan cuestionables, que antes repudiaba, como Manuel Bartlet, Napoleón Gómez Urrutia o Marcelo Ebrard entre muchos otros, de antigua militancia priista.

Desde la campaña, manifestaba su rechazo a Elba Esther Gordillo, pero después le da la bienvenida a Morena, a su nieto René Fujiwara. Todo indica que la reciente liberación de ella, es producto de un acuerdo en lo oscurito, con Peña Nieto.

En sus discursos mandaba al diablo a las instituciones y ahora afirma que las respetará.

Aseguraba que Enrique Peña Nieto formaba parte de la “mafia en el poder”, pero ahora se le ve a partir un piñón con él, paseando por los salones del Palacio Nacional y ha llegado a decir que recibe de él trato respetuoso y cordial para asegurar un traspaso del poder terso “como terciopelo.

Cuando lo censuraba por el tema de la Casa Blanca de Las Lomas hoy le garantiza que solo habrá amor y paz y que no tendrán consecuencias los sólidos indicios de corrupción en su gobierno.

Afirma que consultará al pueblo, porque “el pueblo jamás se equivoca”, para decidir si se cancela el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México al mismo tiempo en que avisa que se construirá en el Sureste el Tren Maya con inversión de 150 mil millones de pesos, sin consultar a los ciudadanos.

En lugar de garantizar que impartirá justicia, dice que acabará con la violencia en el país, otorgando amnistía a criminales que han incurrido en secuestros, violaciones, asesinatos y desapariciones a cientos de miles de personas.

Está muy claro que el 1º de julio no solo ocurrió un cambio de partido en los poderes federales ejecutivo y legislativo, sino que ocurrió un terremoto político en el que se manifestó la irritación de los mexicanos con el estado de cosas al que nos ha llevado el desastroso sistema político, carcomido por la corrupción, la falta de Estado de Derecho y la carencia de autoridad moral en que lo han dejado los gobiernos y los partidos en el poder de las últimas décadas.

Conservamos a pesar de todo, la firme esperanza de que con la activa participación de todos los mexicanos, asumiendo que la responsabilidad por el Bien Común no es solo de los gobernantes, sino también de todos y cada uno de los ciudadanos, López Obrador sea capaz de gobernar con humildad, con sabiduría y con respeto a los mexicanos y a sus libertades y derechos. Que cumpla en los hechos su palabra de dar ejemplo de integridad personal y genuino amor a México.

lujambio06@hotmail.com

PD.- Mi próxima colaboración del viernes 21, será para analizar la lastimosa y vergonzosa actuación de la legislatura que hoy terminó en las peores circunstancias de desprestigio y repudio social, y que esperemos que la nueva que ya empieza, sea capaz de revertir, dando decoro y dignidad a su trabajo. Atentamente lo invito a que me lea.

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