Fundador:
Miguel R. Valladares García

martes 25 septiembre 2018

Reflexión electoral

Alfredo Lujambio R.
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Duele reconocerlo, pero el país nuestro, lamentablemente, se sigue deteriorando a pasos agigantados, la violencia está imparable, el crimen cada vez más agresivo e impune, la corrupción, a pesar de los esfuerzos de algunas organizaciones de la sociedad civil, continúa en ascenso. El crédito e imagen que pudimos haber tenido a los ojos del exterior en épocas pasadas, se ha tornado en desprestigio y asombro en muchos países. La OCDE, (México, el más corrupto de sus 34 miembros), el Foro Económico Mundial, el Banco Mundial y la ONU, Transparencia Internacional, entre otras agencias internacionales, han expresado de distintos modos y en fechas recientes, su seria preocupación por lo que pasa en México y sobre todo porque no se ve que el estado mexicano tenga capacidad y esté tomando las medidas y acciones suficientes para enderezar el rumbo, o sencillamente porque ya ha sido ampliamente rebasado.

Pero lo que más preocupa es la actitud un tanto indiferente y pasiva de los más altos dirigentes políticos del país que no obstante la gravedad de los índices de delincuencia e inseguridad, parece que voltean hacia otro lado y se dedican como lo hace el presidente Peña a dar discursos de autocomplacencia, con el aplauso de la alta burocracia, por algunos logros aparentes o reales, pero que no atienden a la solución de los más graves problemas del país. Solo en el tema de la economía, decir que el actual sexenio incrementó la deuda externa del país de 5 BILLONES de pesos a 10 BILLONES, en solo 5 años y medio. El peso lo ha devaluado en un 70% y el salario mínimo es el más bajo de toda Latinoamérica.

Es urgente, indispensable, que los dirigentes políticos de este país hagan un ejercicio sincero, HONRADO, de autocrítica, una especie de examen de conciencia mediante el cual reconozcan que la falta de valores y de criterios morales en la práctica política, es lo que ha llevado a México a atravesar por este periodo negro, oscuro, crítico de su historia, en el que los grados de corrupción, impunidad y de violencia desatada a los que hemos llegado, están poniendo ya en muy grave peligro nuestra supervivencia misma como sociedad, como nación. Y si no enderezamos el rumbo, si no nos comprometemos todos a salvarlo, mediante un esfuerzo solidario y permanente, lo que más amamos todos que es a nuestros hijos, la familia, los amigos y aun los que no han adquirido conciencia de la gravedad de nuestros males, sufrirán -sufriremos-, las consecuencias en carne propia.

Y es que, ya desde hace muchos años se ha advertido metafóricamente que todos vamos en la misma barca. Ni los más poderosos, ni los más ricos, ni los más favorecidos hasta la fecha, podrán salvarse. Nadie nos puede asegurar que este país nunca llegará al grado de desgracia, pobreza y desesperación en que hoy está viviendo la gente en Venezuela. Nadie en ese país o fuera de él, podía imaginar hace tan solo 15 o 20 años, que esa nación rica y libre, podría llegar a verse sometida a la pobreza y a la sumisión ante el déspota que la desgobierna.

La ignorancia y la pobreza de grandes sectores de la población mexicana. -50 millones según el INEGI-, han resultado ser los mejores aliados de ese partido hegemónico por excelencia, el PRI, que se mantuvo en el poder durante los últimos 70 años del siglo pasado y casi seis más de este siglo, -mucho más que cualquier otro partido en el mundo-. Una población empobrecida, hambrienta e ignorante resulta un filón político explotable, porque permite engañar, manipular, coaccionar y hasta comprar a precio de ganga, la emisión del voto que, en cruel paradoja, permite que las víctimas de este sistema “elijan” a sus victimarios, a cambio de un poco de pan. Y es que un pueblo atenazado por el hambre, sumido por la ignorancia y por el temor a la represalia, vota como le digan, para poder llevar el alimento a la casa. Este endiablado estado de cosas crea un círculo vicioso del que resulta difícil salir, porque los que detentan el poder político en realidad no quieren cambios y maniobran para aprovecharse de las condiciones de vida precarias de gran parte de los electores, para seguir medrando y perpetuarse en el control político y económico de la sociedad.

De la misma manera, a lo largo de la historia, en los países que alcanzan la democracia, cuando el grueso de la sociedad ya superó las condiciones de pobreza y pobreza extrema y ha tenido acceso a una educación de calidad y a cierto grado de cultura política, entonces esa ciudadanía discierne, reflexiona y decide con mejores criterios, para dar su voto a quienes en su opinión pueden garantizar mejores condiciones de vida, y el respeto a sus derechos y a sus libertades.

————————-0————————

La decisión del voto es muy personal y de conciencia, sin embargo, por amor a mi familia, a mis amigos y a mi país, quiero compartir a los amables lectores, en este espacio de libertad que nos brinda Pulso:

Creo que ya llegó el tiempo en que tenemos que decidir, y si podemos, trabajar en ello, por el candidato que de acuerdo a la conciencia de cada quien, pueda resultar un buen presidente. En mi opinión y después de examinar durante la campaña y los debates, con responsabilidad, a los candidatos, estoy convencido de que el que le conviene al país en esta hora de violencia, calamidades, corrupción e impunidad que nos impide vivir con paz, armonía social y felicidad a los mexicanos, es Ricardo Anaya, por su clara inteligencia mostrada en los debates, sus valores y principios personales, su vida familiar sólida, su fortaleza de ánimo y juventud.

En lo local me permito expresar mi respaldo al Lic. Javier Nava Palacios, por motivos similares a los que señalé arriba, pero, además, porque en su herencia familiar están también los valores que sostuvo y practicó en su tiempo, su abuelo, el Dr. Salvador Nava Martínez.

P.D.- El voto, todos lo sabemos, es según nuestras leyes LIBRE Y secreto, pero no hay ninguna ley que prohíba dar a conocer públicamente la preferencia electoral personal, sabiendo que todos los candidatos, como humanos que son tienen defectos y cualidades. No existe el candidato perfecto y hay que respetar la decisión de cada persona. Lo que importa en verdad, es votar con racionalidad y en conciencia pensando siempre en el Bien Común, más que en el bien individual.

lujambio06@hotmail.comv

Minuto a minuto