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Miguel R. Valladares García

domingo 17 diciembre 2017

Resacas culturales

Alexandro Roque
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Muchas actividades artísticas y culturales hubo en San Luis Potosí esta semana, que acaba con puente, fin de semana largo o buen fin. Como la mayoría no tenemos el don de la ubicuidad fue difícil decidirse, por ejemplo, entre dos presentaciones de libros, o entre un concierto y una conferencia. Una semana intensa. La pregunta con festivales y ferias, como con viajes o fiestas, como con toda explosión de alegría, es ¿y ahora qué, qué sigue? Se siente una especie de cansancio o dolor de cabeza, una resaca como la que espera a muchos tras las deudas que implica el buen fin. Y se acercan navidad, la cuesta de enero, las elecciones…

El Festival Letras en San Luis fue una gran experiencia, por la oportunidad que tuve de dialogar y convivir con colegas con Roberto Coria Monter, Ronnie Medellín, Gastón García Marinozzi, Jairo Buitrago, Carlos Velázquez, Luis Muñoz Oliveira, Josué Sánchez o Darío Zalapa, y por el foro para platicar con amigos, editores, lectores y estudiantes. El intercambio fue muy nutritivo emotiva e intelectualmente. Pero siempre hay un pero. O varios. No en el festival sino en general en el ambiente. Hubo muchas actividades pero poca coordinación: pareciera que los partidos políticos en los diferentes niveles de gobierno o los grupos de artistas allegados a ellos tienen cada quién su agenda, a pesar de que los resultados municipales y estatales se relacionan o se deberían relacionar. ¿Quién decide fechas y participantes en equis actividad de Cultura? ¿Por qué? ¿Los que siempre están son los que son?

Las políticas culturales (cuando las hay) suelen basarse en ciertos “eventos” anuales, cuya medición en audiencia parece ser lo importante (aunque he ido a presentaciones literarias donde hay cinco personas y gracias al diálogo han sido de lo más constructivo). Así, en danza la actividad se centra en el Festival Internacional Lila López, y en teatro en las muestras Estatal y Nacional. Hay festivales del adoquín y del bocol y de lo que se les ocurra. El resto del año por supuesto que hay actividad, de parte de creadores y aficionados a estas y otras artes, pero el eco de público y de crítica no es el mismo. Hay pocos medios que se dediquen a lo cultural y algunos tienen su sección. Ciertos funcionarios buscan “crear público”, sí, pero los métodos por los que se busca deberían transparentarse, ponerse en papel y en formato electrónico para que cada vez más público los conozca.

De que en ciertas dependencias hay planeación la hay, gracias a personas que le saben, que le buscan y dialogan, y es grato colaborar con ellas. Pero llegan los cambios de color y sin análisis se desaparecen propuestas que parecían estar funcionando. Esta descoordinación, dice Jordi Font, provoca que:

“El ciudadano desconoce quién es quién, a quién corresponde hacer qué, a quién debe emplazar para resolver su problema, a quién hay que pedir responsabilidades cuando eso no funciona”. “Acaba recibiendo los palos la administración más próxima, aquélla que puede no ser responsable de ese problema pero que […] para el ciudadano concreto, encarna la autoridad”. “Quedan indefinidamente postergados o mal resueltos aquellos problemas y proyectos para los cuales es imprescindible la cooperación de diversas administraciones, cada una a su nivel, desde su especificidad, aportando cada una los correspondientes engranajes, encajando la maquinaria de conjunto que ese objetivo precisa”.

Y hay iniciativas o leyes que pareciera nunca se echaron a andar. Desde hace casi nueve años San Luis Potosí cuenta con una Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, cuyos propósitos son “fomentar y promover la lectura”; “promover la producción, distribución, difusión, calidad y preservación del libro, y facilitar su acceso a toda la población”; “distribuir y coordinar entre los gobiernos municipales y el Gobierno Federal, las actividades relacionadas con la función educativa y cultural de fomento a la lectura y al libro”; “coordinar y concertar a los sectores social y privado en esta materia”, y “establecer criterios que permitan generar políticas públicas para todas las regiones del Estado de San Luis Potosí, en materia de fomento y promoción de la lectura, con especial atención en las zonas rurales e indígenas”.

Suena bonito, ¿no? Pero la ley en mención dice que se creará un Consejo Estatal de Fomento para la Lectura y el Libro para “fomentar las actividades y trabajos relacionados a crear una cultura de estímulo a la lectura y el libro, así como facilitar el acceso al libro de buena calidad”. Debería estar presidido por el titular de la Secretaría de Educación (SEGE) y vicepresidido por el secretario de Cultura (Secult), e integrado también por el director general de educación básica de la SEGE y quince vocales: el director de desarrollo cultural de la Secult; quien presida la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología del Congreso; el Rector de la UASLP; un representante indígena por cada etnia potosina; dos académicos “de reconocido prestigio y experiencia en la promoción de la lectura”, el director general de bibliotecas de la SEGE, y “hasta cinco titulares de cultura de los gobiernos municipales”. ¿Alguien lo conoce, sabe de su trabajo, sus informes?

Igual con instancias editoriales. Así, desde hace ya años, cuando me he acercado a dependencias oficiales para solicitar apoyo en la publicación de alguno de mis varios inéditos, la respuesta ha sido: “ya se está conformando un consejo editorial que será el que decida qué se publica, hay que esperar”. Y nada que se forma. Y veo las publicaciones.

No se necesita un gran presupuesto cuando hay ganas. Un buen ejemplo: a la salida de una charla entre escritores en Palacio Municipal, recibí de un chavo un díptico (en fotocopia) titulado “12 increibles libros de literatura homosexual en bibliotecas potosinas”, con títulos, reseña, la biblioteca en que se encuentran y su clasificación en la misma. Están por ejemplo Antes de que anochezca, de Reinaldo Arenas; Otras voces, otros ámbitos, de Truman Capote; El vampiro de la colonia Roma, de Luis Zapata, o Paradiso, de José Lezama Lima.

A leer para curar esta resaca, a seguir escribiendo. Salud y buen fin.

Posdata: en lo personal, siguen Xilitla y otros municipios del estado, sigue la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, sigue la Ciudad de México. Siguen un par de nuevos libros. Que el viaje no acabe.

Correo: debajodelagua@gmail.com

Web: http://alexandroroque.blogspot.mx

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