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Miguel R. Valladares García

lunes 23 abril 2018

Resentidos sociales

Leonel Serrato
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Usted me ha leído referirme al lamentable estado en que se encuentra la ciudad de San Luis Potosí, y el aún más lastimoso en que se haya Soledad de Graciano Sánchez tras varios años en que han estado al frente de los respectivos ayuntamientos los tlatoanis de eso que llaman “gallardía”, pero que ni Dios sabe qué sea.

Todo tiene una explicación, incluso hasta ejemplos, mire Usted:

Soledad era una ruina antes de que llegaran los empresarios polleros, eso debe decirse puntualmente, pero tenía al menos la característica de ser una zona conurbada que, pobre y todo, era sinónimo de gente honrada y trabajadora, con familias de sólida e histórica raigambre; como solían decirnos nuestros padres cuando queríamos ropa nueva, que la que teníamos estaba buena y andando uno limpio la novedad no importaba, es decir que en pocas palabras era uno pobre, pero limpio.

Antes de que accedieran al Solio los del color pajizo, un panista fue su predecesor, e infectó de malosos a una zona conurbada de por sí enferma de antros y lupanares de mala muerte; ya entronizados los amarillentos, se aplicaron a administrar esos “activos” con singular alegría y pingües ganancias.

Encarrerados, más cerca de Raffles o de Fantômas que de Robin Hood o Chucho el Roto –los segundos son retratos de justicieros, no de vulgares bandidos, digo, hay niveles– y para fines estrictamente electorales, los gobiernos de la ictericia echaron a andar un intenso mecanismo de dádivas y amenazas, no sólo en Soledad de Graciano Sánchez, sino en los pobrísimos municipios de Zaragoza, Cerro de San Pedro, Mexquitic de Carmona y la zona limítrofe de la capital y Villa de Reyes. Miles y miles de despensas, luego agua de garrafón, tortillas, consultas médicas, trastes, enseres y tepalcates fueron “regaladas” a la gente, no a la que realmente necesitaba de apoyos humanitarios frente a la tragedia de la miseria, sino a quienes les veían potencia clientelar.

Desde luego que usar el dinero público para regalar vituallas trajo resultados, también el diseminar la especie de estar respaldados por malos malísimos; el resultado más visible fue la sucesión dinástica entre plumíferos, pues sin pudor alguno el hijo fue postulado para el cargo del padre; los pudores del padre –que me consta que sí los tenía– fueron una carencia criminal en el hijo, y digo criminal porque a la postre fue a parar a una prisión federal de alta seguridad acusado de lavado de dinero y crimen organizado, aunque luego obtuvo su libertad merced los errores técnicos del Ministerio Público, pero no exonerado o absuelto por el uso indebido del dinero de los contribuyentes de Soledad.

En medio de la fortísima repercusión mediática a que estuvo sometido el caso del joven, el viejo se postuló para alcalde de la capital, lo que cuando lo planteó muchos creyeron era una balandronada ictérica del de la Constancia.

Como no podía ser de otra manera, los miles y miles de obsequios, los errores de sus adversarios y el acompañamiento estúpido e irresponsable de algunos actores, como Xavier Nava o Gonzalo Benavente, entre otros, que disfrazaron sus aviesas intenciones, le acercaron el voto de un sector de la ciudadanía que se convirtió en mayoría.

Mientras el hijo estaba preso, el padre logró el triunfo electoral, pero nunca el reconocimiento social que deseaba, fermentando un rencor difícil de ocultar, lo que no deja de ser el origen de muchos de nuestros males como capitalinos, deje le pongo un para de ejemplos, verá que es más sencillo de entender:

En la tercera película del Padrino, que no es mala, pero sin llegar al monumento cinematográfico que es la primera, Don Corleone, mafioso, asesino, proxeneta y corruptor deseaba con toda la fuerza de su alma dejar de ser conocido como el delincuente que era, y para ello se avocó a la política, apoyando candidatos, patrocinando a otros, así como a las obras pías, las del alto clero; cambió sus giros criminales por negocios lícitos, se esmeró en la educación de sus hijos, y hasta toleró que el varón se dedicara a la artisteada y la hija a intentar ser bonita –cualquier semejanza con la realidad es una casualidad, pero la cita es deliberada, no vaya a Usted a creer que Mario Puzo conoció a nuestros bichos locales–; el Don quería que algún día su hijo fuera Senador, que su hija ingresara a los linajes de la nobleza mediante matrimonio, y que él mismo fuera respetable.

Pero se enfrentó a la cruda realidad: los empresarios querían de él su dinero y la influencia que le daba la corrupción, pero no le querían cerca, ni a sus vástagos, porque el hedor del crimen es imborrable. El Padrino nunca pudo ir contra su naturaleza y prefirió quitarse de simulaciones, dar rienda suelta a su odio y designar como su sucesor a su sangriento descendiente; si no lo querían amar, tendrían que temerle, si no aceptaron a un delicado empresario y político, iban todos a soportar a un implacable mafioso y asesino; hasta ahí el ejemplo.

Hay otro que nos explica la naturaleza vindicativa de los mafiosos ansiosos de crédito social, este ejemplo es atribuido al cacique atrabiliario –también matón vulgar– Gonzalo N. Santos, quien era visto con repudio por la nobleza potosina, y él queriendo quedar bien invitó a los más preclaros representantes de las buenas conciencias para que le propusieran a los magistrados del Supremo Tribunal de Justicia; los atildados curritos se negaron a aceptar participar con el atascado revolucionario, por lo que en respuesta Gonzalo les mandó una lista con la escoria más ruin y baja de entre los barrios bajos y ruines para que dichos criminales fueran magistrados… Santos fue terminante, “o participan o nombro al Mano Negra”; ¿Le hace sentido?, ¿por qué cree que el perfil de los aspirantes a precandidatos en el partido del que son propietarios, es tan bajo?

En San Luis Potosí y en Soledad estamos en presencia de un daño sistemático a los cimientos y estructura de nuestra convivencia social merced la manipulación criminal de las capas menos favorecidas, pero no se engañe, no es una rebelión al mando de Espartaco, aquel era culto y perseguía la libertad.

Los sumos pontífices –o chamanes mayores, da lo mismo– de eso que llaman “gallardía” y que ni Dios sabe qué es, castigan a la ciudad capital y a Soledad por el desdén hacia sus personas, por puro resentimiento social; en represalia usan el dinero público para alimentar panzas aventureras a las que llaman “mi gente”, mientras que la destrucción material de todos los espacios públicos se acerca a niveles insostenibles, provocando muertes y sufrimiento.

El resentimiento es un feo estado de ánimo, no vale para dejar que la ciudad se reduzca a ruinas, y mucho menos para que mueran personas. Toda reelección implica la reedición de los resentimientos, y éstos, el surgimiento del odio, debemos evitarlo.

Ingenuidades

En medio del terror por la violencia desbordada volvió a subir el pasaje del transporte urbano, se suma a una escalada de precios en muchos otros bienes y servicios; la inflación está en los niveles más altos desde hace 17 años, y los salarios no se han comportado de ese modo… ahh, pero qué lindos que son los trastes, enseres y tepalcates que “regalan” los políticos.

leonelserrato@gmail.comv

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