Fundador:
Miguel R. Valladares García

sábado 17 noviembre 2018

Siglo feroz

Martha Ocaña
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Se perdieron 200 años de trabajo: el cráneo de Luzia quien viviera en Brasil hace más de 11 mil años; El meteorito Bendegó, encontrado en 1794 en Monte Santo; las colecciones de antropología y de historia natural más grandes del mundo; más de 20 millones de artículos de diferentes períodos de la historia de Brasil y del mundo; frescos de Pompeya y la Colección de la emperatriz Teresa Cristina. Todo eso y mucho más se perdió en el incendio el 2 de septiembre 2018.

Quizá ya olvidamos lo sucedido. La rutina mediática nos tiene ya acostumbrados a encimar catástrofes con buenas y malas noticias, como parte de la cotidianidad del siglo XXI. Un siglo feroz mediáticamente hablando.

Fundado en 1818 y creado por el rey Juan VI, el Museo Nacional de Brasil es – o fue- uno de las más antiguos e importantes de este país teniendo hasta el día del incendio, más de 20 millones de valiosas piezas.

El recinto fue primero casa real, después residencia imperial y por último, hogar de una de las mayores colecciones de historia natural de todo el mundo. 200 años de vida del museo se transformaron en escombros y cenizas.

La falta de fondos y el ruinoso estado de las instalaciones parecen ser las causas, sin embargo no encontré información que hablara un poco más de este asunto. Como muchos otros acontecimientos, después del “relumbrón” parece que poco importa qué lo originara.

En su interior se albergaban colecciones de paleontología que incluían al Maxakalisaurus topai, un dinosaurio encontrado en Minas Gerais, que había sido el primero en ser ensamblado a gran escala en Brasil.

Se perdió todo el trabajo de unos 90 investigadores realizado en la institución a lo largo del tiempo. Todo el Archivo Histórico, que se enc

ontraba almacenado en un punto intermedio del edificio, también fue destruido. Se destruyeron además dos exposiciones que estaban en dos partes frontales de las principales áreas de la construcción, según se consulta en fuentes electrónicas. La lista es larga y es parte de las grandes pérdidas que hemos visto en este siglo de catástrofes climáticas, ataques terroristas, guerras urbanas, ajustes de cuentas y pugnas entre cárteles de la droga.

Es un siglo feroz visto desde esa óptica, y por el impacto y la adrenalina que nos producen, los guardamos en la memoria cerebral y corporal con mucha más facilidad que las pequeñas glorias cotidianas.

Hoy que escribo escuchando la lluvia y recordando la serie de acontecimientos que en materia de terrorismo, se desataron desde el famoso Septiembre 11, pone en perspectiva ese cúmulo de violencia al que gran parte la humanidad está sometida y otra parte quizá menos numerosa pero más imponente, somete.

Decido apagar la emisión que pone todas esas imágenes en mi mente.

Entonces el sonido de la lluvia se antepone, los truenos resuenan en las ventanas como el sistema de percusiones que acompañan el ritmo del aguacero que ya amaina.

Septiembre 11 queda lejos mientras la tele no esté encendida. Duele la pérdida de los restos del dinosaurio mencionado con su nombre científico.

El museo y toda su pérdida igualmente , pero al menos las vidas humanas no forman parte de la cruel contabilidad de lo que algunos pudieran creer, que éste, es un siglo feroz.

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