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Miguel R. Valladares García

Domingo 24 Septiembre 2017

Símbolo socavado

Sergio Sarmiento
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“Gobernar es comunicar.”

Anónimo

No es un socavón, es el símbolo del país. Socavones producidos por el agua hay muchos. Este 15 de julio se abrió uno en la Ciudad de México, de 12 metros de largo, en la avenida Eduardo Molina. En 2010 se generó otro, de 10 metros de ancho y cuatro de profundidad, también en la Ciudad de México, en Río Consulado, al cual cayeron un taxi y la caja de un tráiler. Éste fue producto de una falla en el colector Norte 9. El 29 de diciembre de 2013 hubo un verdadero desplome en la autopista Ensenada-Tijuana, que cayó 40 metros a la altura del kilómetro 93; un tráiler se desplomó junto con el pavimento, pero el conductor salvó milagrosamente la vida.

Otros socavones menores se registran de manera constante en las calles y carreteras de nuestro país. La información no trasciende, aunque muchos automovilistas sufren daños en sus vehículos al caer en ellos.

El problema con el socavón del Paso Exprés de Cuernavaca es que, con rapidez, se ha convertido en un símbolo. Algunos hablan de un país socavado, de una nación en problemas y de un gobierno con una imagen profundamente deteriorada.

El secretario de comunicaciones y transportes, Gerardo Ruiz Esparza, no se ha escondido. Ha dado la cara, lo que en principio eso es positivo. Pero en el caudal de declaraciones, algunas salen fallidas, como la explicación de que se otorgaron indemnizaciones a los familiares de las personas fallecidas “por el mal rato que pasaron”.

El gobierno de Enrique Peña Nieto está fallado en lo que en un principio parecía su especialidad: la comunicación. El mandatario que supo usar los medios para mandar un mensaje de renovación, un Pacto por México para hacer reformas de fondo largamente postergadas, un Mexican moment de cobertura positiva de los medios internacionales, ha sufrido en los últimos años graves daños producto de una notoria incapacidad para comunicar.

Eso ocurrió con el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Lo mismo sucedió con la casa blanca de su esposa Angélica Rivera. El presidente no ordenó el secuestro y asesinato de los normalistas para proteger a un alcalde perredista. La compra de la casa blanca generaba un conflicto de interés, pero no representaba necesariamente un acto ilegal, porque la casa fue comprada a crédito con una tasa de interés de mercado, aunque el constructor no se dedicara a la venta de residencias particulares. Lo que falló en los dos casos fue la comunicación.

Es verdad que hoy es más difícil comunicar. La multiplicación de voces críticas en medios tradicionales y redes sociales hacen muy difícil la emisión de mensajes positivos. El bajo nivel de aprobación del presidente Peña Nieto (apenas 19 por ciento en mayo según Consulta Mitofksy/El Economista) genera un escepticismo o incluso burla a cualquier mensaje o acción del gobierno.

El socavón del Paso Exprés es ya símbolo de un gobierno que no parece poder hacer nada bien, ni siquiera una carretera. El que la obra haya sido promocionada de manera sistemática como un gran logro gubernamental resultó al final un error. Los problemas evidentes de la obra, la superficie mal terminada, los recortes a predios que se quedaban sin más salida que a la vía rápida, se sumaron al desplome que causó la muerte a dos personas.

Pero el problema no es un socavón provocado al parecer por una tubería tapada. Estamos ante el símbolo de un gobierno que, a un año y cuatro meses de terminar, refleja un desgaste impresionante. Este desgaste no es producido por obras mal hechas, sino por la falta de capacidad para comunicar.

Carriles divididos

La división del Pasó Exprés y los carriles para residentes de Cuernavaca es absurda. No sólo genera congestionamientos cuando hay accidentes, sino que discrimina a los locales. Entre semana los carriles centrales están vacíos y los laterales a reventar.

Twitter: @SergioSarmiento

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