Fundador:
Miguel R. Valladares García

domingo 27 mayo 2018

Sin faros

Yolanda Camacho Zapata
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Si no fuera tan serio, creo que me daría un incontenible ataque de risa esa doble/triple/cuádruple moral que se viene manejando a últimas fechas entre la clase pública. No somos tan originales como para decir que únicamente en México las cosas están más mallugadas que un tamal después del día de la Candelaria, sino que parece pandemia. Pongamos un ejemplo. Desde hace ya meses la organización Oxfam, una institución que aglutina a por lo menos veinte organizaciones en noventa países del mundo dedicadas al combate a la pobreza, se había visto envuelta en escándalos relacionados con el desvío de sus nada despreciables recursos, que son proveídos de instituciones internacionales y con fines específicos muy claros dependiendo el país en el cual trabajen. Así pues, resulta que ya se ha comprobado que personal, directivos incluidos, de Oxfam en Haití sostuvieron desde el 2011 tremendas bacanales en el edificio de la organización con todo y contratación de prostitutas con dinero de Oxfam, algunas de las cuales se sabe, eran menores de edad. El “entretenimiento” incluía a jovencitas semi desnudas, pero eso sí, con la camiseta de la institución puesta. Chulada. Ante tal cosa, ha habido ya renuncias de personas de primer nivel que debieron de haber supervisado tales gastos y otros que de plano para no meterse en broncas, se hicieron de la vista gorda.

Ahora bien, tenemos en Estados Unidos el caso de Rob Porter, quien hasta hace unos días trabajó en la oficina oval como secretario personal de Donald Tump. El ex secretario ha sido acusado no por una, sino por sus dos ex esposas. Ambas, en expedientes separados, alegan haber sido víctimas de abusos físicos y verbales por parte del abogado de cuarenta años y que era una figura ascendiente en el gabinete. A regañadientes, el hombre se ha separado de su cargo, pero fuera de la templanza que se supone debe de imperar en los jefes de estado, Trump no ha hecho más que atizar la llama a tuitazos haciendo ver que duda de las acusaciones y afirmando que Porter es un tipo íntegro. No es de extrañar, dado que el mismo presidente carga consigo un buen número de acusaciones de abuso sexual y comportamiento por demás inapropiado hacia las mujeres (basta con recordar su famosa grabación con Billy Bush). Y, claro, su propia asesora Kellyann Conway y su vocera, Sarah Huckabee Sanders, le hacen comparsa. Tristísismo. Independientemente de si Porter es o no un abusador, queda claro que es un pésimo marido, por lo que, por lo menos, debería de mostrarse el presidente, con un ápice de sensatez y apoyar que las autoridades correspondientes (que no es él) hagan su trabajo y determinen sui existió o no dicho abuso. Que le costaba una declaración moderada…

Finalmente escuchaba al aspirante al gobierno de la Ciudad de México, Mikel Arriola. De entrada tiene la pésima costumbre de hablar de sí mismo en tercera persona, vicio que francamente me cae como patada a hígado. “Mikel Arriola piensa que esto, Mikel Arriola piensa que lo otro” con que dijera “Yo creo que…” sería suficiente. Pero bueno. El fin de semana, el hombre declaró que estaba en contra de la adopción de infantes por parte de parejas homoparentales y que estaba también en contra de la legalización de la marihuana. En este bendito país, cada quien puede pensar lo que quiera y adoptar la postura que quiera, que para eso hemos soportado siglos de luchas varias a favor de la libertad de credo y la libertad de expresión. Sin embargo, cuando algunos reporteros lo entrevistaron para profundizar sus declaraciones, un entrevistador le hizo notar que, por lo menos en el punto de la adopción, se estarían violentando (y los enlistó) un buen número de derechos establecidos ya por las normas mexicanas. El candidato respondió que “se tendría que llevar a cabo una consulta”. El reportero entonces le hizo notar que los derechos no se consultan, se cumplen, se respetan. Pero el candidato atinó mas que a responder como tarabilla, que va a hacer consultas. Uno puede o no estar de acuerdo con Arriola. Personalmente no comparto su opinión ni en lo uno, ni en lo otro. Específicamente le sugeriría leer los mil y un argumentos que Juan Ramón de la Fuente ha tratado para sostener la legalización de la marihuana desde varios frentes, principalmente el de salud y el económico. De la Fuente hace un caso muy convincente como para ignorarlo. Sin embargo, lo duro de esto no es una postura conservadora del candidato, sino que realmente crea que los derechos, antes de cumplirlos, deben de consultarse. Háganme favor.

Los tres casos nos llevan a cuestionarnos qué tan relajados andamos de principios. Todos. Nadie se salva. Pareciera que las líneas que dividen lo correcto de lo incorrecto, de plano se nos borraron. Ya no se ve sino una clara intención por flexibilizar a conveniencia cualquier principio que otorgaba estabilidad, precisamente, por ser inmodificable. Gastar dinero de una organización no gubernamental en prostitutas, minimizar o tratar de invisibilizar a probables víctimas de violencia y pensar que los derechos son aplicables sólo cuando estén a tono con creencias individuales es un claro símbolo: somos una sociedad perdida sin guía alguna, sin faros que nos lleven a puerto. Hemos estirado tanto los principios que los hemos reventado. Así no hay rumbo que valga ni mapa que sirva.

Minuto a minuto

Toda la sección