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Miguel R. Valladares García

martes 21 noviembre 2017

Tecnología en los albores de la civilización

Alfonso Lastras Martínez
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Entre los metales comunes, el oro, sin duda, tiene un lugar especial entre nosotros; entre otras cosas, por su color y brillo que no pierde con el tiempo al contrario de otros metales como la plata o el cobre. El oro se conoce desde tiempos muy antiguos dado que es posible encontrarlo en una forma casi pura en la naturaleza. Es, por otro lado, un metal muy blando que tuvo usos limitados en tiempos prehistóricos más allá de los ornamentales.

El oro no fue el único metal conocido al inicio de la civilización. También lo fueron otros metales como la plata y el cobre que se encuentran igualmente en forma nativa en la naturaleza y que al igual que el oro, tuvieron usos decorativos y ornamentales. Este último, dada su relativa dureza, se empleó también en la fabricación de armas y diversos utensilios.

El uso del cobre, sin embargo, fue limitado en la medida en que se dispuso solamente del cobre encontrado en forma nativa y su empleo más extendido tuvo que esperar al desarrollo de métodos para extraerlo de minerales ricos en el mismo. Una vez que se descubrió que calentando a alta temperatura minerales como la malaquita y la azurita es posible obtener cobre metálico, se produjo una revolución tecnológica que dio origen a lo que se llama la Edad del Cobre.

De esta edad se derivó la Edad del Bronce hace unos 4,500 años, cuando se descubrió que añadiendo estaño al cobre se incrementa considerablemente su dureza y por tanto su rango de aplicaciones. Se derivó también, hace unos 3,000 años, la Edad del Hierro que produjo una revolución tecnológica todavía mayor.

La invención de la metalurgia del cobre dio de este modo origen a una cadena de desarrollos tecnológicos que han sido clave para el desarrollo de la civilización y cabe preguntarse por la cadena de acontecimientos que dieron origen a dicha metalurgia.

Dado que en la época en que se produjo el desarrollo de la metalurgia del cobre no se contaba con ningún conocimiento teórico sobre la naturaleza de los materiales involucrados, los descubrimientos que llevaron a dicho desarrollo tendrían que haber ocurrido por azar. Es posible, por ejemplo, que alguien hubiese arrojado por accidente minerales de malaquita a un fuego con la temperatura suficiente para que se liberara el cobre atrapado dentro de dichos minerales. Esto y otras observaciones similares habrían dado pautas para reproducir la observación por medio de procedimientos de prueba y error, lo que podría haber ocurrido a lo largo de muchas generaciones. Hay que hacer notar, sin embargo, que para liberar el cobre es necesario alcanzar una temperatura que ronda los 1,100 grados centígrados, lo cual no es sencillo de alcanzar en un fuego abierto.

De un modo u otro, es un hecho que nuestros ancestros descubrieron como extraer cobre de minerales como la malaquita y la azurita en tiempos prehistóricos y en relación a esto resulta interesante preguntarse sobre sobre el lugar y la época en que esto habría ocurrido.

En base a evidencia arqueológica sobre la metalurgia del cobre, la Edad del Cobre se habría iniciado hace unos 7,000 años en una región que abarca desde los Balcanes hasta Irán. Esta fecha, sin embargo, fue puesta en duda por el descubrimiento en el sitio neolítico de Catalhoyuk en Turquía de lo que aparenta ser la escoria resultante del proceso de fundición de minerales de cobre. Dicha escoria tiene una antigüedad de 8,500 años y movería la fecha del inicio de la Edad del Cobre 1,500 años hacia el pasado. Catalhoyuk sería así la cuna de la metalurgia del cobre, desde donde se habría dispersado a otros sitios en Europa y el Asia Central.

Con el objeto de comprobar o desechar esta posibilidad, un grupo de investigadores en el Reino Unido y Alemania, encabezados por Miljana Radivojevic de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, llevó a cabo un estudio analítico de los materiales encontrados en Catalhoyuk. Los resultados de este estudio aparecieron esta semana en la revista “Journal of Archaeological Science”. En base a sus investigaciones, Radivojevic y colaboradores no encuentran evidencia que los materiales estudiados correspondan a escoria de un proceso de fundición de cobre. Por el contrario, concluyen que resultaron de una cierta cantidad de mineral de cobre depositado en una tumba que fue posteriormente afectada por un fuego intenso que incluso carbonizó el cadáver. Resultaría así que la metalurgia del cobre se habría iniciado hace unos 7,000 años y no hace 8,500 años como la evidencia de Catalhoyuk sugería. Además, según Radivojevic y colaboradores, queda abierta la posibilidad de dicha metalurgia se hubiera desarrollado de manera simultánea en varios sitios de Europa y el Asia Central.

Hoy en día tenemos un conocimiento teórico profundo acerca de los metales -entendemos, por ejemplo, porque el oro tiene ese color y por qué nunca pierde su brillo-, lo mismo que de un gran número de materiales de todo tipo. Basados en este conocimiento, entendemos cuales son los principios que gobiernan la metalurgia de los metales y en general la tecnología de un gran número de materiales. Esto nos ha llevado a fabricar incluso materiales que no existen en la naturaleza. Y todo esto lo hemos logrado en apenas en 7,000 años, tiempo muy breve en términos del tiempo de evolución de nuestra especie.

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