Fundador:
Miguel R. Valladares García

sábado 18 agosto 2018

Una tarde gloriosa en el Buonarroti

Alfredo Oria
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Hace algún tiempo ya que el restaurante Buonarroti huele a clásico. Y esto, caro lector, en nuestra querida ciudad, no es poca cosa. Me ha parecido siempre que San Luis tiene una sobreoferta de locales gastronómicos, que no de gastronomía: en el reino de la carne asada y de la comida rápida, los restaurantes con trayectoria que ofrecen cocina tradicional escasean.

No tengo nada en contra de un buen trozo de carne a las brasas, ni de las hamburguesas y las papas fritas, menos contra esa cocina llamada “de autor”, “minimalista” o “modernista” (a la que yo llamo “museística”), pero la tendencia parece ser que la res y el coctel de camarones son ubicuos, que la forma se impone al fondo, y que los hornos, las cazuelas y el producto fresco de primera calidad van siendo desplazados.

Existen, por supuesto, una buena cantidad de fondas y de puestos callejeros que mantienen viva la experiencia más tradicional, pero esta experiencia requiere de cierta informalidad. No es mejor ni peor, es diferente; eso sí, poco viable si lo que se pretende es sentarse un buen rato a comer sobre manteles y descorchar un buen vino.

El Buonarroti va a cumplir pronto tres décadas de ofrecer platillos típicos de la gastronomía italiana y ha ido complementando su carta con delicadezas de otro origen, incluido el nacional, siempre con una serie de recomendaciones de temporada, productos frescos y vivos. Sin embargo, el 90% de su menú siguen siendo platos italianos auténticos.

El lugar tiene muchas virtudes, pero una especial que resulta muy atractiva para los que somos aficionados al vino: permiten llevar tus propias botellas, muchas veces cobrando un peso por el descorche, además de que cuentan con copas y decantadores profesionales. Junto a esto, tienen una cava muy amplia y selecta, a precios justos, en donde se pueden encontrar algunas joyas como un lote de riojas de añadas míticas, verticales de Vega Sicilia Único, vinos premium maduros de Australia, California, México, Francia, naturalmente italianos… sin dejar de lado los de gran relación precio/calidad. Hace unos días llevamos a unos familiares de la Ciudad de México y, permítame referirle la experiencia: la tarde se convirtió en todo un acontecimiento.

Para un Mersault 2009, un magnífico chardonnay de la Borgoña, optamos por las recomendaciones de temporada: ostras Kumamoto vivas, ostiones Rockefeller y Diabla (los mejores que he probado en años, pues los hacen con el ostión en su concha, no con producto enfrascado) y ceviche de una maravilla de fruto de mar que se llama almeja chiluda. Resultó un maridaje intachable.

Continuamos con una serie de pastas para acompañar un supertoscano de Fattoria La Massa, sangiovese, cabernet y merlot, muy bueno. Pero aquí, la verdad, la calidad del ragú, de la salsa boloñesa, estuvo por encima de la del vino. No recuerdo haber probado un mejor ragú ni en Italia. No exagero. Es un verdadero manjar, complejo y equilibrado dentro de su aparente sencillez. Un clásico indiscutible alrededor del que gira toda su forma de entender la gastronomía, la vida, quizás.

Finalmente ordenamos el lechón para un Palomero 2001, un Ribera del Duero en plena madurez, elegante y balanceado, muy profundo. El término del cochinillo estaba perfecto, la carne jugosa, suave, la piel bien doradita, con las características notas ahumadas que aporta el horno de leña. No le pide nada a ningún otro que haya probado en Segovia. La sintonía del plato y el vino fue insuperable.

Ya no hubo espacio para el postre, sí para el café, muy bien logrado. El servicio fue ágil, puntual, amable, atento. Nuestros invitados se deshacían en elogios para el lugar, lo comparaban con sus experiencias en la Ciudad de México, Nueva York, las capitales europeas. Y a la hora que llegó la cuenta no podían creerlo, pensaron que había un error: la calidad excede, por mucho, a los precios. La conclusión, unánime: el Buonarroti es el mejor restaurante de su tipo en el centro de la República. Un clásico de a de veras.

Minuto a minuto

Toda la sección