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Miguel R. Valladares García

lunes 21 de enero de 2019

Procesión acaba en una tragedia

Fallecen ocho personas al explotar pirotecnia en las inmediaciones de una capilla en Tequisquiapan, Qro.

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Tequisquiapan, Qro.- Al menos ocho muertos y 53 heridos dejó la explosión de pirotecnia, que sería utilizada para una fiesta patronal en Fuentezuelas, en el municipio de Tequisquiapan; las víctimas participaban en una procesión.

Autoridades del municipio informaron que los hechos ocurrieron cerca de las 6:30 horas, en las inmediaciones de la capilla.

Testimonios de los habitantes de la localidad refirieron a El Universal que alrededor de 200 personas, entre adultos y niños, participaban en los hechos, que iniciaron cerca de las 5:30 horas.

Una mujer con un incensario encabezó el contingente, le seguían hombres y mujeres con cuadros de la Virgen y atrás una banda de música. También iba un albero (persona encargada de prender la pirotecnia para avisar el inicio de la fiesta).

A unos metros de la capilla comenzó una serie de estallidos; la gente comenzó a correr, pero otros no pudieron hacerlo porque fueron alcanzados por las llamas, según un video que circula en redes sociales.

Presuntamente en las inmediaciones de la capilla estaba la pirotecnia que, según autoridades de Protección Civil municipal, no estaba debidamente resguardada, conforme a las medidas que deben tener con dichos artefactos. Señalan que probablemente fue alcanzada por una chispa y estalló.

La zona fue acordonada por elementos del Ejército, en tanto que personal de la fiscalía estatal hizo el levantamiento de los cuerpos, de tal forma que pudieran hacerse las indagatorias correspondientes.

Pueblo de luto

“El ritual se ha repetido por años y nunca había pasado nada”, dice un anciano, quien desde la entrada de su casa observa el paso de los policías, los soldados y los bomberos.

“Fue la de malas”, responde el anciano a la pregunta de si recuerda un hecho similar. La gente observa las maniobras de los peritos de la fiscalía estatal para levantar los cuerpos regados en el atrio.

La zona acordonada por el Ejército, los bomberos y la policía tiene un olor a pólvora que lastima la garganta; no solo es la pólvora, es el olor de las vidas consumidas y la tristeza entre quienes observan cómo se van retirando los vestigios de la tragedia.

El pueblo está triste y el párroco hace una misa en honor a los fallecidos. La gente lo aprueba.

“Fue la de malas”, repite un hombre mientras baja su mirada y muestra su sudadera con algunas quemaduras. “Fue la de malas”, dice la señora que habla de sus vecinos.

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