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Miguel R. Valladares García

jueves 17 de enero de 2019

De la simple bola al cambio automático (FOTOGALERÍA)

La palanca de velocidades en el diseño automotriz

Agencias

El cambio de velocidades no siempre ha sido un elemento imprescindible en los coches. En la década de los 40 de la pasada centuria, algunos modelos ni siquiera tenían reversa. SEAT hizo una secuencia de la historia de esta pieza retrata la evolución hacia una conducción más confortable.

En los años cincuenta, el conductor cambia de marchas con una palanca integrada en la columna de dirección. Este era el sistema en modelos como el SEAT 1400, de inspiración americana. Esta ubicación convertía el asiento delantero en una banca no muy cómoda en la que cabían hasta tres personas.

Como una paleta de caramelo esférico, así era el diseño de esta pieza que se situaba ya en la posición actual, entre las dos plazas delanteras. Son los años sesenta. En el SEAT 600 el cambio era manual y de cuatro velocidades. Para no quemar el motor, el velocímetro incorporaba una línea roja que indicaba cuándo había que cambiar de marcha.

En los setenta, se añaden más velocidades para aprovechar la respuesta del motor mientras conducimos. El SEAT 124 Sport 1600 es el primero de la marca con cinco marchas. En su versión berlina, la palanca se conecta por primera vez directamente a la caja de cambios, de modo que la respuesta del coche es más rápida.

La palanca ochentera marca el paso hacia la ergonomía y la comodidad. Algunos modelos ya incorporan la dirección asistida y nuevos materiales que hacen que el cambio de marchas se vuelva más flexible. En este sentido, el primer SEAT Ibiza es un icono. La palanca se sofistica y la estructura se adapta mejor a la mano del conductor.

En los noventa aparecen los primeros modelos con seis velocidades mientras los cambios automáticos ganan terreno. El conductor dice ‘adiós’ al embrague y evita que el coche se cale o que se desplace hacia atrás en las cuestas.

En la actualidad, modelos como el SEAT Tarraco incorporan el DSG con doble embrague y siete velocidades, combinando el confort de los automáticos con el rendimiento de los manuales.

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