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Miguel R. Valladares García

viernes 15 de febrero de 2019

Tlahuelilpan, pueblo que despide a sus fallecidos

El Universal

Tlahuelilpan, Hidalgo.- En esta tierra la vida está partida en dos: mientras unos lloran por sus muertos o desaparecidos, otros reanudaron sus actividades cotidianas. Los niños regresaron a la escuela, mientras hombres y mujeres a sus trabajos.

Sin embargo, a mediodía el centro de esta comunidad se paralizó cuando al templo de San Francisco de Asís arribaron cuatro carrozas y una urna de cenizas. Ahí, estaban Hugo, Ismael, Ricardo, Víctor Hugo y Omar, rodeados de amigos, vecinos, familiares y curiosos que les darían el último adiós.

Ellos sobrevivieron en el lugar del siniestro, alcanzaron a correr y pedir ayuda, fueron traslados a hospitales, pero no resistieron. Uno o dos días después la muerte los alcanzó.

La misa, celebrada por el obispo de la Diócesis de Tula, Juan Pedro Juárez, se realizó entre llanto y un contundente mensaje del clérigo: “Hay que llorar, pero sobre todo alegrarse porque hay vida eterna”. Con esa promesa se despidieron de su tierra.

Tras recibir una bendición, los cuatro ataúdes partieron hasta su destino final: el cementerio del municipio. En el panteón, la despedida no fue fácil, una a una, palas de cemento cayeron sobre los féretros. Al tiempo, también cayeron las lágrimas.

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