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Miguel R. Valladares García

sábado 23 de febrero de 2019

Tōdai-ji

Ramón Ortiz Aguirre / Pulso

Querido amigo,

Esta mañana hemos vivido una experiencia espiritual inigualable, pues no fue tan solo un encuentro con la historia, el arte y la apreciación religiosa de un pueblo muy diferente al nuestro, sino algo que fue más allá de la simple apreciación turística de un edificio y lo que en él está contenido. Fue encontrarnos con algo que nunca habíamos esperado y todo esto se sucedió en el templo budista de Tōdai-ji, ubicado en la ciudad de Nara.

El Daibutsu-den es el pabellón principal del majestuoso templo que, con 57 metros de largo y 50 metros de ancho, es la estructura de madera más grande del mundo. Alberga en su interior una estatua de 15 metros del Buda Vairochana, siendo la más grande del mundo. Esta estructura es considerada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, como uno de los Monumentos históricos de la antigua Nara.

En la concepción de los cinco Budas de la sabiduría Vairóchana es el central, y, por tanto, es la figura eje de muchas escuelas antiguas de budismo en Japón, tales como los esotéricos budismos Shingon

y el Kengon.

El templo pertenece a la escuela budista Kegon, una de las seis imperantes en Japón durante el periodo Nara que procede de la secta budista china Huayan, y se basa en el Sutra de la Guirnalda de Flores. Este Sutra expresa la idea de diversos mundos, uno dentro de otro, todos ellos manifestados por el Buda Cósmico.

El gran Buda y las figuras que lo rodean en el Daibutsu-den son el símbolo físico perfecto del mapa cosmológico, aquí todas las armonías cósmicas y espirituales están unidas y Buda nos las muestra complaciente.

El edificio ha sido reconstruido dos veces después de sendos incendios. La actual construcción se finalizó en 1709, y, aunque inmenso, pues 57 por 50 metros, es realmente un 30% más pequeño que su predecesor.

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