Aceves Mejía no tuvo educación musical, la vocalización era muy importante para él, "ejercitar la garganta", decía; consideraba que lo importante era tener estilo, una forma personal de cantar.
"Pues una forma personal de cantar, una manera de identificarse el primer grito. El que no se diferencia de otro y de otro está perdido", dijo en entrevista con este diario.
Aceves Mejía se asumía como un cancionero, un cancionero de trío que interpretaba de todo, hasta los tangos, pero que de repente se sintió muy a gusto en la línea de canciones rancheras y ahí se quedó. Siempre habló bien y halagó la música mexicana, decía que la música ranchera es la de nuestras alegrías y nuestras penas.
El encuentro con José Alfredo Jiménez
El encuentro con José Alfredo Jiménez se dio en un restaurante de Santa María la Ribera, una de las colonias más antiguas de la Ciudad de México, fue en una madrugada.
José Alfredo le contó al periodista Ricardo Rocha que entre las anécdotas de sus "canitas al aire", tiene una muy especial, cuando conoció a José Alfredo Jiménez, en esa ocasión se fue de parranda con sus amigos los Tariácuri, integrantes de una legendaria agrupación musical mexicana de música vernácula y ranchera, y José Alfredo era el mesero de ese lugar.
"Salimos y nos tomamos unas copitas y todo lo que tú quieras, y luego como a las tres, cuatro, cinco de la mañana llegamos a un restaurante en Santa María la Ribera, cenamos, y después de que cenamos el muchachito que nos sirvió, el mesero, me dice: ´señor Aceves Mejía, yo soy mesero por necesidad, pero soy compositor, quiero que me escuche unas canciones´, le di una cita, le escuché algunas canciones, y te estoy hablando de José Alfredo Jiménez, que en paz descanse".
Aceves Mejía recordó que cuando conoció a José Alfredo, éste no sabía tocar ningún instrumento, nada, eso sí, los ritmos los traía con claridad en la mente, así les pudo interpretar a él y al también compositor Rubén Fuentes, la canción "Ella".
El encuentro fue en la estación la XEW, donde tenía un programa por las tardes que se llamaba "Amanecer Ranchero" con el Mariachi Vargas, era 1948, José Alfredo llegó recordándole a Miguel Aceves que 15 días atrás se habían conocido en aquel restaurante.
"Yo vengo aquí a que me oiga mis canciones", dijo.
Rubén Fuentes, primer violinista del Mariachi Vargas, quien estuvo presente durante el encuentro, le preguntó a José Alfredo que en qué tono interpretaría el tema, a lo que el compositor respondió:
"Pues yo no sé qué tonos, sería el ritmo de ´tun ta ta tun ta ta".
Y José Alfredo comenzó a cantar: "Me cansé de rogarle, me cansé de decirle que yo sin ella, de pena muero".
La sorpresa para Aceves Mejía y Rubén Fuentes fue total: "Nos quedamos con la boca abierta todos".
Surgió entonces una amistad entre Miguel Aceves y José Alfredo, admiración mutua, ambos aparecieron en la cartelera del Teatro Follies de la Ciudad de México en junio de 1953, el cual se encontraba ubicado en las inmediaciones de la Plaza Garibaldi; en aquella ocasión varios artistas e intérpretes de música mexicana le rindieron un homenaje a Lucha Reyes, quien difundió con su canto la música mexicana, sí como lo hizo Aceves Mejía.