Ojos almendrados, ligeramente rasgados hacia las sienes, que transmitían serenidad y misterio. Su mirada era intensa incluso sin grandes gestos.
Nariz recta y fina, de tamaño proporcionado al resto del rostro.
Labios carnosos y bien delineados, especialmente el labio inferior, que contribuían a una expresión elegante y sensual sin resultar exagerada.
Mentón delicado y ligeramente afinado, que completaba la simetría de su rostro.
Piel muy tersa y uniforme, cualidad que la fotografía en blanco y negro resaltaba gracias al uso de luces suaves.
Cabello oscuro y abundante, generalmente peinado con ondas o rizos, siguiendo el estilo clásico de las grandes estrellas de Hollywood y del cine mexicano.
La fama de Elsa Aguirre no se debía únicamente a un rasgo específico, sino a la combinación de varios elementos:
Poseía una simetría facial muy marcada, una característica tradicionalmente asociada con los cánones de belleza.
Su rostro era muy fotogénico, respondía excepcionalmente bien a la iluminación de los estudios cinematográficos.
Tenía una mirada expresiva, capaz de transmitir dulzura, misterio o determinación con pocos movimientos, además, combinaba una apariencia elegante con naturalidad, sin depender de maquillajes excesivos.
Su belleza era versátil, ya que podía interpretar tanto mujeres inocentes como personajes sofisticados o de carácter fuerte. Conservó una imagen refinada durante varias décadas, lo que reforzó su prestigio como estrella.
No es casualidad que durante años la prensa la comparara con otras grandes divas como María Félix, Miroslava Stern o Columba Domínguez, y que fotógrafos de estudios como Clasa Films y Filmex recurrieran constantemente a primeros planos para destacar sus facciones.
No existe un ranking oficial, pero estas actrices son las que con mayor frecuencia aparecen mencionadas por historiadores del cine, periodistas especializados y publicaciones de la época como referentes de belleza:
María Félix
Elsa Aguirre
Miroslava Stern
Columba Domínguez
Dolores del Río
Silvia Pinal
Rosita Quintana
Lilia Prado
Ana Bertha Lepe
Marga López
Esther Fernández, Meche Barba, Rosa Carmina, María Elena Marqués y Blanca Estela Pavón, también fueron rostros ampliamente elogiados por la crítica y el público durante las décadas de 1940 y 1950.
En el caso de Elsa Aguirre, muchos historiadores coinciden en que representaba un tipo de belleza particularmente fotográfica, pues sus facciones finas, la intensidad de su mirada y la armonía de su rostro hacían que los primeros planos tuvieran una fuerza visual excepcional, razón por la que fue considerada durante décadas una de las grandes bellezas del cine mexicano.