Las naranjas sueñan con el jardín de las Hespérides.
En el alambre hay cuervos y pájaros de bronce.
Cuando digo pájaro me refiero a pájaro, algo que vuela, o a un griego
agitando cascabeles junto al lago.
La historia es inefable, el sentido es feble, pero la palabra es dura como una campana.
La única verdad es nada:
los nombres del viento, el caparazón de la tortuga, la resistencia.
Y si digo pájaro es porque tengo
las heridas y los cortes de sus
plumas en la mano.