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Ahora otro desierto, esta vez de hielo,
a tenor de un verano prematuro, donde
una tortuga y unas monedas chinas. El
enunciado es engañoso, semántica es
una sopa de batracios pleistocenos.
Decidí habitar un minarete para rezar
erizos y algunos huesos que no puedo
armar correctamente, pero no sé, la
meta es imprecisa, será porque la palabra
es una forma común de la ceguera.
En fin, todo sea para romper la flecha
y soltar las semillas que marcan el
retorno: la poesía es un desorden
auto inmune del lenguaje. Puedo,
mientras tanto, salir al desierto para
recolectar orquídeas y guayabas.