Había un poco de sol y una banca vacía.
Al final de la calle un trampantojo y un perro amarillo que huye de la sombra, o será Gilgamesh que dibuja planos de una ciudad que no conoce. En realidad, era un humano persiguiendo su cola:
todos los poemas tienen una cola que
les pisen. Cuando me dejan caminar
las olas recorro las banquetas y los
parques, el destino se asoma detrás de
la memoria. Ojalá supieras que todo lo
que digo es eco. La historia es verdadera, pero el discurso es falso.