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Este poema que escribiré será el número 1749, pero no sé cómo empezarlo, lo tenía en la punta de la lengua y lo he olvidado.
Sólo sé que hay fotografías de perros en los postes,
perros extraviados, como mis
poemas que huyeron en silencio.
“Recompensaré a quien encuentre este poema, se le vio por última vez en los alrededores de la Plaza de Armas;
no es de buena raza, pero
agradece todo”.
Mientras esto sucede buscaré
manzanas, periquitos de amor,
ciruelas claudias.