Bolsa de caramelos rojos

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Algo diría de los alerces 

y las jacarandas, 

o del mar en el cuenco 

de una mano. 

El poema es una cárcel, 

una escudilla, 

una trampa que casi 

siempre falla. 

Por ejemplo; caminas contra el viento de marzo, 

sin brújula, 

sin un ovillo para marcar la ruta de regreso. 

Una puerta, una escalera y el pan sobre la mesa, 

la sombra del amor para esculpir fantasmas: 

aquí,  en la ciudad que acostumbra el silencio*.

Ida Vitale

Norberto de la Torre