Ciudad de México. - El teatro fue el escenario que lo vio nacer como actor. Se convirtió en el gran villano de la televisión y qué bueno, porque los buenos le aburren. Es seductor por naturaleza y aunque se ha arrepentido de cosas, nunca ha traicionado sus principios y se define como un desmadroso feliz. Así es Alejandro Camacho.
“Me he arrepentido de cosas que he hecho a lo largo de mi vida, porque uno a veces suele ser muy pendejo. Cometo errores, como todos, y soy falible, pero también soy fuerte.
“Sí me caigo, pero me levanto, lo cual me hace estar bien conmigo mismo. Nunca he traicionado mis principios y siempre he podido ayudar a la gente que quiero. Soy desmadroso y feliz, hago lo que quiero y me miro diario al espejo con estos ojos para decirle a mi hijo: ‘vas a todo dar, lo más importante es ser’. Así soy”, concluyó.
Cuando les dijo a sus padres que quería actuar, le advirtieron: “Solo no te vayas a morir de hambre, porque un actor en México es como ser torero en Nueva York”.
Sin embargo, así no fue el inicio de su carrera. Antes buscó convertirse en director de orquesta, como Lorin Maazel, Herbert von Karajan, pero desistió al comprobar que era muy joven y no tenía el talento suficiente para lograrlo.
Al notar que su anhelo por lo artístico era real, su padre lo llevó a ver actuación de Carlos Ancira en “El diario de un loco”, dirigida por Alejandro Jodorowsky.
“Literal, me volví loco y le dije a mi padre: ‘yo quiero hacer eso, quiero ser otras personas. Un día quiero ser el bufón, otra vez el villano, el asesino o el príncipe’”.
Hoy, Camacho suma más de 40 años de carrera en los escenarios teatrales, cine y de la TV como una de las figuras más sobresalientes en el ámbito de la actuación en México.
“La vida del actor es un fraude, dices cosas que no te pertenecen, que no están en ti y que, con tu estudio y formación creas para que el otro ente esté dentro de ti”. “El rey Lear” marcó parteaguas en su carrera, Ernesto Alonso y Silvia Pinal lo invitaron para cine y TV.
“El actor vive de momentos, sin pasado y sin futuro. A veces creo que lo logré, pero luego se me va de entre las manos y tengo que volver a empezar todos los días. Volver a edificar las emociones de mi profesión”, platicó el histrión de 64 años.
El público lo identifica como el villano de los melodramas, aunque dice haber hecho historias de “chile, manteca y dulce, sobre todo, mucha comedia”.