La Habana.-Puede que camine despacio y ya no acepte muchas entrevistas, pero cuando se sube al escenario, casi siempre ataviada con sus largas túnicas y sus turbantes coloridos, Omara Portuondo se transforma, se llena de energía y su prístina voz llega inconfundible, melodiosa para poner a bailar a quien la escuche.
Con 92 años, la diva cubana avanza en una gira mundial de despedida. No suele dar declaraciones, pero se acercó lentamente acompañada por su hijo y se sentó en un sillón de mimbre junto a él mientras lo escuchaba hablar.
Siempre “hizo cosas novedosas, aquí y en el mundo entero, es una artista que no se encasilla solamente en su línea de confort”, dijo Ariel Jiménez Portuondo, el hijo y representante de Portuondo.