Algunas bandas tardan unos cuantos años llegar a escenarios tan grandes como el Palacio de los Deportes. A Moenia le tomó tres décadas.
Moenia celebra tres décadas en Palacio de los Deportes
La noche del jueves, el grupo que convirtió los sintetizadores y el pop electrónico en parte de la banda sonora de varias generaciones finalmente ocupó uno de los recintos más importantes de la capital mexicana. Y ahí, entre luces, pantallas y miles de personas, sus primeros 30 años de historia dejaron de ser una cifra para convertirse en algo tangible.
Porque en el Palacio no sólo estaba Moenia. También estaba el público que creció con ellos.
Había quienes llegaron desde sus trabajos, aún vistiendo traje sastre; otros, con ropa cómoda, porque sí, era una noche de fiesta, pero, al igual que su banda, ellos ya también tienen cierta trayectoria.
El escenario estaba listo. Las luces se apagaron y, antes de que arrancara la primera canción, el Palacio comenzó a responder con gritos. No hacía falta explicar demasiado: bastaron los primeros sonidos para que el público reconociera a la agrupación que había esperado tanto para tener una noche así.
"Buenas noches, México. Es nuestra primera vez en el Palacio de los Deportes y créanme que no sólo por eso es una noche inolvidable, también porque están aquí los fans más queridos y los más importantes. ¡Gracias!", dijo Alfonso Pichardo, antes de proponer el primer brindis de la noche (y que da nombre a su gira): uno por el simple hecho de que "estamos vivos y estamos bien".
Invitados y momentos clave en el concierto
Después comenzó el viaje por una historia que Moenia no necesitó contar con palabras. Lo hizo con canciones.
La noche fue de menos a más. Arrancó con temas como "No hay fe", "Como ves tú" y "Consecuencias", para después dar paso a los clásicos con "Juegos de amor" y "Estabas ahí". Más tarde llegó la primera invitada de la noche: María José, con quien interpretaron "No importa que el sol no se muera".
El público, que al principio permanecía atento al escenario, poco a poco dejó las butacas. Algunos se levantaron para bailar; otros prefirieron quedarse en su lugar, pero todos acompañaron las canciones con su voz.
Después llegaron "No dices más" y "Ni tú ni nadie". Para entonces, el público ya había dejado atrás la quietud de las primeras canciones: unos bailaban, otros gritaban y algunos aprovechaban las letras para acercarse a quien tenían al lado. El Palacio se había convertido en una pista de baile donde el pop electrónico también tenía espacio para el romance.
La fiesta siguió creciendo. Gil Cerezo apareció en el escenario para acompañar a Moenia en una nueva versión de "A dónde van", y el concierto sumó otra voz a una noche que ya comenzaba a sentirse como una reunión entre viejos conocidos.
Más tarde, Pichardo habló de los sueños y de quienes ayudan a hacerlos realidad.
"A veces te dicen que para cumplir un sueño tienes que visualizarlo, y así lo hemos hecho nosotros todo este tiempo, pero también se necesita el empuje de alguien que cree en ti y esos son ustedes. Gracias, de verdad. Hace poquito, como 22 años, nos tocó estar aquí abriéndole a nuestros ídolos, los Pet Shop Boys, y hoy se cierra el ciclo y nos toca estar en el escenario principal", dijo.
También había prometido que la noche terminaría con la energía "a tope". El camino hasta ahí fue pausado, con esos "pasos deliciosos" que había anunciado, pero cumplió.
"Manto estelar" era uno de los momentos más esperados. Cuando comenzaron sus primeros acordes, los teléfonos se levantaron por todo el Palacio y el recinto se convirtió en una constelación viviente. Por unos minutos, las luces de las pantallas quedaron acompañadas por cientos de pequeños destellos en las gradas.
Después llegaron "No dices más" y "Ni tú ni nadie". Para entonces, el público ya estaba de pie: bailaba, gritaba y se dejaba llevar por canciones que, para muchos, formaron parte de otras etapas de su vida.
Cuando parecía que el concierto había llegado a su punto más alto, Moenia todavía tenía otro cambio preparado. Los músicos dejaron el escenario principal y aparecieron en una pequeña tarima instalada en medio del recinto, ahora con unas cabezas cuadradas llenas de luces. Desde ahí interpretaron "Tú sabes lo que quiero" y "Mejor ya no".
Y cuando ya nadie esperaba más, llegaron los acordes de "No puedo estar sin ti", el primer éxito masivo de Moenia, aquel que apareció en 1996 y que ahora hizo cantar al Palacio de los Deportes como si el tiempo no hubiera pasado.
Después vinieron las gracias, las despedidas y las luces encendidas. El público comenzó a moverse entre las butacas, pero todavía quedaba algo de esa energía que había recorrido el recinto durante toda la noche.
Y Moenia tampoco se fue.
Los músicos volvieron al escenario, esta vez sin tanta parafernalia. Pichardo miró hacia las gradas y comprobó lo que ya parecía evidente.
"¿Siguen aquí, no se han ido?"
No se habían ido. Así que hubo una canción más: "Ya no es así".
Después de "Ya no es así", ya no hubo más. Los músicos se quedaron unos instantes sobre el escenario, recibieron los últimos aplausos y, ahora sí, se fueron. Las luces del Palacio se encendieron mientras el público comenzaba a salir. Treinta años después de comenzar su historia, Moenia finalmente había tenido su propia noche en el escenario principal.