Los miércoles por la noche en la Ciudad de México normalmente vemos tránsito pesado y la resignación laboral en las calles; pero esta vez el Estadio GNP tenía ambiente de fin de semana y mucho metal.
La noche arrancó con Idles, quienes sí decidieron utilizar el escenario como una plataforma política de manera frontal. La banda británica habló de Donald Trump, de los migrantes y del origen migrante armenio de System of a Down, además de enviar un abrazo a los mexicanos en medio del clima hostil que atraviesa el discurso antimigrante en Estados Unidos.
Fue el único momento de la noche en el que hubo un mensaje explícitamente pronunciado desde el escenario, porque después, cuando apareció System of a Down, no hablaron demasiado, pero tampoco lo necesitaban. Sus canciones llevan más de dos décadas diciendo exactamente quiénes son.
A las 9:15 de la noche, el estruendo de la batería de John Dolmayan, quien lucía una playera de Idles en un gesto de respeto mutuo, dio inicio al show con "X".
Han pasado ocho años desde la última vez que la banda vino a México, cuando se presentó en el Force Fest, festival que terminó siendo recordado como "el lodo fest" por el caos que lo rodeó. Después de tanto tiempo, el público, que había esperado impaciente el regreso de la agrupación, respondió con euforia y varios círculos de slam en las zonas General A y B.
Originarios de Glendale, California, pero profundamente atravesados por la identidad armenia de sus integrantes, SOAD construyó desde los años noventa una carrera que fue imposible de encajar en un solo género.
Metal alternativo, punk, folk armenio, hard rock, música experimental y letras que hablan de guerra, manipulación política, genocidio, drogas, alienación y control social; la banda convirtió el desorden en un lenguaje propio, algo que volvió a sentirse en canciones como "B.Y.O.B.", la segunda de la noche y una de las críticas más frontales a la Guerra de Irak que ha producido el metal moderno.
"¿Por qué los presidentes no van a pelear la guerra? ¿Por qué siempre mandan a los pobres?" (Why don't presidents fight the war? Why do they always send the poor?), canta Serj Tankian mientras decenas de miles de personas responden a una canción escrita hace más de 20 años. En medio del tema, el vocalista de 58 años apenas soltó un breve "Mexico City", suficiente para provocar un grito ensordecedor en todo el estadio.
La canción "Prison Song" volvió todavía más evidente el peso político que carga la banda. La canción, construida prácticamente como una denuncia musicalizada sobre el sistema penitenciario estadounidense y la llamada "guerra contra las drogas", sonó mientras continuaban los empujones, los círculos humanos y la gente levantando los puños.
Después llegaron temas como "Needles", "Deer Dance", "Radio/Video", "Hypnotize" y "ATWA", donde Daron Malakian tomó más protagonismo verbal que Serj Tankian durante toda la noche.
"Amo a mi chica", dijo en un momento; después pidió cantar "Las Mañanitas" para el cumpleaños de su suegro y más tarde dejó que el estadio entero coreara el clásico "Olé, olé, olé, System".